Begoña Castiella | Atenas www.abc.es 31/12/2007

Aunque no está todavía inaugurado, el nuevo Museo de la Acrópolis ya es una realidad. Y, por ello, el presidente del organismo para el Nuevo Museo de la Acrópolis, el arqueólogo Dimitris Patermalis, junto con el resto del Consejo, han decidido abrir las puertas del museo dos horas al día, de 10.00 a 12.00 hasta el 31 de marzo de 2008, con entrada gratuita. De esta forma, los visitantes pueden ver el museo de cerca, estudiar sus cimientos, que se encuentran a la vista desde el suelo de la entrada (protegidos por un vidrio especial) y entrar en el atrio, donde está la zona de entrada.

Begoña Castiella | Atenas www.abc.es 31/12/2007

Aunque no está todavía inaugurado, el nuevo Museo de la Acrópolis ya es una realidad. Y, por ello, el presidente del organismo para el Nuevo Museo de la Acrópolis, el arqueólogo Dimitris Patermalis, junto con el resto del Consejo, han decidido abrir las puertas del museo dos horas al día, de 10.00 a 12.00 hasta el 31 de marzo de 2008, con entrada gratuita. De esta forma, los visitantes pueden ver el museo de cerca, estudiar sus cimientos, que se encuentran a la vista desde el suelo de la entrada (protegidos por un vidrio especial) y entrar en el atrio, donde está la zona de entrada.

Es allí mismo donde se ha trasladado una exposición única, que llevaba ya varios meses abierta en el edificio vecino, denominado Edificio Weiler, donde se encuentran las oficinas del Departamento Arqueológico de la Acrópolis. Se titula «El museo y su excavación», una interesante muestra de lo que encontraron primero los obreros y luego los arqueólogos al excavar el lugar que había sido elegido para el nuevo museo. Nada menos que los restos de una ciudad viva, con calles empedradas, casas, baños, salas de banquetes y talleres de cerámica, que fueron apareciendo cuando se limpiaba la zona para comenzar a construir los cimientos. Se encontraron hasta restos prehistóricos, pero la mayoría provienen de los siglos III, IV y VII d.C. Los arqueólogos acudieron inmediatamente para fotografiar, dibujar y estudiar las construcciones que iban apareciendo, así como los múltiples objetos que fueron rescatados de la tierra, catalogados y almacenados. Este descubrimiento fue la causa del importante retraso del nuevo museo, ya que muchos intelectuales y arqueólogos griegos acudieron a los tribunales para detener las obras y conseguir que no se construyera el museo en dicho lugar. Finalmente, la justicia decidió que siempre que se protegieran los yacimientos arqueológicos, el museo podría ser construido. Y así ha sido.

En la pequeña exposición existe una presentación distinta a la habitual (los objetos no están separados por vitrinas del visitante, sino que se pueden ver apoyados en cajas especiales de arena). Muchas vasijas y objetos de cocina, juguetes (marionetas y muñecos de cerámica), cuchillos, etc. Y se muestran también los detallados diarios, los cuadernos de los arqueólogos con la descripción inicial de las zonas descubiertas y sus dibujos e indicaciones antes de recoger los objetos para su limpieza y almacenamiento. De esta forma se pueden ver cómo día a día los especialistas registraban fielmente la situación de los objetos encontrados y su posterior tratamiento.

Una pequeña rampa lleva hasta el primer piso, que aún no se puede visitar, donde estarán expuestas todas las esculturas. Y también hay sitio para una biblioteca y ordenadores, un restaurante con una vista espectacular y un espacio cultural. En el último piso estarán los frisos del Partenón, incluyendo copias exactas de los que se encuentran en el Museo Británico y que los griegos siempre esperan que sean devueltos. En un pequeño palco entre el atrio y el primer piso, estarán las Cariátides. Ya está colocada la copia de la que se encuentra en Londres y hace pocas semanas llegó la primera del pequeño museo de la Acrópolis, que está siendo limpiada con un láser especial. Desde octubre continúa el traslado de las más de 400 esculturas y 4.800 objetos que se encontraban en lo alto de la colina, con una maniobra cuidadosa en la que intervienen tres grúas y numerosos especialistas, incluida una de las pocas mujeres (de nacionalidad rusa) en el mundo que manejan este tipo de grúas.