Paco Moreno | Valencia www.lasprovincias.es 19/05/2007

El Museo de la Almoina abre sus puertas al público con una visita de Barberá tras 20 años de excavaciones para descubrir los restos romanos, islámicos y visigodos.

Viajar al pasado de Valencia es más fácil desde ayer. El Museo de la Almoina ha abierto al público, de momento los fines de semana, para mostrar los restos arqueológicos de la ciudad romana y de las urbes que se situaron en siglos posteriores en el mismo terreno.La antigua isla del Turia se convierte así, tras una inversión municipal de 14 millones de euros, en cita obligada para descubrir edificios y calles de la antigüedad.

Para muchos, el día de ayer tuvo algo especial. Bajar por primera vez al nuevo Museo de la Almoina, en el sótano de la plaza abierta a espaldas de la Basílica de la Virgen, tiene algo de vuelta al pasado desde el momento en que se atraviesa el umbral de la gran puerta.

Catorce millones de euros en la recta final del proyecto, dos décadas de intensa excavación arqueológica y hasta cierta polémica por el acristalamiento de la parte central de la plaza sirven para enseñar un museo de calidad, donde el público podrá encontrar valiosos restos arqueológicos y algunas piezas encontradas entre la tierra retirada.

Así lo entendió la misma alcaldesa Rita Barberá, quien acudió de campaña electoral para celebrar el día de los museos. “Estoy emocionada”, dijo mientras observaba un panel que reproduce el ninfeo.

De más antiguo a más reciente, hay construcciones del siglo I a.C., como unas termas republicanas donde sólo falta que corra el agua, o el horreum, los antiguos almacenes romanos. Junto a esta última construcción, aunque de una etapa mucho más moderna, en 1348 se levantó un edificio para el cuidado de los niños pobres. La Almoina, del obispo Ramón Despont, dio nombre a la plaza y posteriormente al museo.

De momento, habrá visitas guiadas y gratuitas los fines de semana. Un grupo de guías se encarga de coordinar los grupos, los viernes desde las cuatro hasta las ocho de la tarde, y los sábados y domingos, desde las diez de la mañana hasta las ocho de la tarde.

El motivo de esta apertura por fases es que el recinto debe “acostumbrase” al público, según indicó Emili Roca, responsable de la empresa que ha realizado el equipamiento, Lunatus. Por esta razón, la climatización es una de las piezas más sensibles de todo el recinto. La lámina de agua que cubre el techo de cristal actúa asimismo como ayuda para el control de la temperatura.

Los itinerarios se extienden a lo largo de 500 metros de pasarelas. Una de las zonas principales es el cruce entre el cardo y la decumanus, las dos calles de donde nacían todas las ciudades romanas. Incluso la baldosa tiene una iluminación más intensa, para que el público se dé cuenta de que ha llegado al kilómetro cero de Valencia.

Edificios de época republicana e imperial, como el foro de 6.900 metros cuadrados que se extendía entre el lado oeste de la Almoina y la plaza de la Virgen. También hay de época islámica y visigoda, como ábsides y baptisterios de iglesias y catedrales cristianas. Muchos de estos lugares están enraizados en la más honda tradición valenciana, al situarse una estancia donde se supone que estuvo encerrado San Vicente Mártir.

Por esta razón, no es extraña la presencia de tumbas monumentales alrededor de estos lugares de culto. En las vitrinas hay valiosa cerámica medieval, con muchas piezas halladas en un pozo donde se tiraba la vajilla de los muertos.

Faltan todavía piezas por colocar, indicaron fuentes municipales, aunque la parte principal del museo está ya acabada y lista para enseñar. Tras 20 años de excavaciones, llegó la hora de enseñar a visitantes y valencianos el pasado de la ciudad.