Un investigador propone que elementos como el friso o las metopas son, en realidad, la representación pétrea del costado de una galera de guerra o mercante usada como techumbre. La hipótesis nace de una sorprendente conexión lingüística y etnográfica.
Guillermo Carvajal www.labrujulaverde.com 04/02/2026
Durante siglos, los majestuosos templos de la Grecia clásica, con el Partenón a la cabeza, han sido estudiados, medidos y admirados. Sus formas han definido la arquitectura occidental. Sin embargo, algunas de sus características más emblemáticas han desconcertado siempre a los expertos. ¿Por qué los frisos con triglifos y metopas están tan altos, donde apenas se ven bien? ¿Qué función real tenía ese entablamento masivo? ¿Por qué en los templos más sofisticados casi no hay líneas rectas?
Un nuevo estudio, publicado en Frontiers of Architectural Research, presenta una hipótesis radical que podría responder a estas preguntas de una vez por todas: el templo griego es la representación en piedra de un barco de guerra o mercante, dado la vuelta y colocado sobre muros de soporte. Es decir, los antiguos griegos habrían petrificado en sus santuarios la memoria de usar los cascos de sus embarcaciones como refugio y, posteriormente, como techumbre de edificios comunitarios.
El autor, J.M. Ciordia, fundamenta esta idea que a primera vista parecerá extravagante –como él mismo admite– en un cruce de disciplinas: arquitectura, arqueología náutica, lingüística y etnología.

La pista en las palabras: de «naus» (barco) a «naos» (templo)
La investigación arranca con una curiosidad lingüística. En griego antiguo, la palabra para barco es naus. La palabra para templo es naos (en dialecto ático, neos). Ambas son tan similares que el genitivo de naus (naos, «del barco») es idéntico al nominativo de naos («templo»).
Hasta ahora, los lingüistas mantienen que no hay relación etimológica entre las dos palabras, explica el estudio. Sin embargo, desde un punto de vista formal, es mucho más fácil derivar naos «templo» de naus «barco». El nominativo naos podría derivar del genitivo de naus usado en la expresión ho naos oikos («la casa del barco», es decir, el arsenal), primero convirtiéndose en un adjetivo masculino (ho naos oikos, «la casa naval») y finalmente en un sustantivo (ho naos, «lo naval», es decir, «el templo»).
La razón por la que esta relación no se había establecido antes, sugiere Ciordia, es que los etimólogos no han visto ninguna conexión entre los objetos a los que se refieren, el barco y el templo, aunque no cree que se perdiera el recuerdo de la conexión en ningún momento para los griegos de la Antigüedad, según explicó a La Brújula Verde en un email. Su trabajo pretende demostrar precisamente esa conexión material.

El origen práctico: el barco como refugio
La teoría se basa en una necesidad práctica. Los marineros griegos que pasaban meses en travesías, acampando en costas extrañas, necesitaban proteger los cascos de sus barcos de la carcoma (Teredo navalis), para lo que los varaban en la playa. Pero también necesitaban mantener el interior seco y resguardarse. Habrían resuelto ambos problemas volteando los cascos, colocándolos sobre horquillas y refugiándose bajo ellos, propone el artículo. Estos refugios temporales podían complementarse con un hogar de piedra para cocinar en la entrada.
Años después, en la patria griega y una vez finalizada su vida útil, estos barcos podrían haberse colocado sobre muros construidos ex profeso, adaptándolos como viviendas para gobernantes, salones de reunión o banquetes, y eventualmente como templos.
Para demostrar que esta práctica es plausible, el estudio recoge numerosos ejemplos etnográficos de culturas que usaron barcos volteados como techumbre, como la fallida expedición antártica de Shackleton en 1916 sobrevivió cuatro meses bajo sus botes volteados en la Isla Elefante. Pescadores de anguilas en Suecia y pueblos Inuit en Alaska hacían lo mismo.

En Lindisfarne (Inglaterra), a principios del siglo XX, se convirtieron barcos de pesca en cobertizos, creando una tradición local. En la costa francesa del Paso de Calais existió un barrio llamado Quilles en l’air («Quillas al aire») donde familias pescadoras vivían en casas hechas con cascos desechados.
La cultura talayótica en Menorca (España) construyó navetas (literalmente «barquitas») de piedra con forma de casco volteado. Los vikingos, entre los siglos VIII y XI, desarrollaron casas largas con techos en forma de casco invertido. En la Isla de Pascua, la casa tradicional (hare paenga) tenía forma de canoa alargada y volteada.
Los antiguos balearicos, los numidios, los isleños de Pascua, los vikingos, los esquimales modernos y los marineros atlánticos europeos compartieron con los antiguos griegos su dedicación a la navegación y una familiaridad cercana con los barcos, señala el investigador.
La prueba clave: el entablamento es el costado de un barco
El núcleo de la hipótesis es la comparación formal entre el entablamento dórico/jónico y el francobordo (la parte del costado del barco que está sobre el agua) de una galera pentecóntera (propulsada por cincuenta remeros).

Analizando un modelo de arcilla de una galera hallado en Gition (Grecia) y representaciones iconográficas, Ciordia establece numerosas correspondencias:
- Metopas y Triglifos: Las ventanas de los remeros superiores se cerraban con tablones de madera (pinakes) para protección. Estos serían el origen de las metopas. Los triglifos representarían los montantes de la obra muerta (la estructura sobre la cubierta). El término met-ope, que etimológicamente significa «entre las aberturas», haría referencia a que cada ventana del remero superior está en el espacio entre dos remos de la línea inferior.
- Mútulos: Estos elementos del entablamento podrían ser los restos «mutilados» (mutilus en latín) de las piezas que sostenían las estructuras para los remos, serradas al convertir el barco en edificio.
- Escudos colgantes: Fuentes históricas documentan que se colgaron escudos dorados en el arquitrabe del Partenón. Esto coincide exactamente con la práctica fenicia y griega de colgar escudos en la obra muerta de las galeras, como se ve en relieves asirios y en los agujeros del modelo de Gition.
- Curvatura longitudinal: Los templos más refinados tienen una ligera curvatura en el entablamento. Esta no sería una «corrección óptica», como se creía, sino la representación de la curvatura de la cubierta inherente al diseño naval de cualquier barco, necesaria para la navegación.
- Guilloches y meandros: Los adornos en forma de trenza en la cornisa podrían representar el hypozoma, un grueso cable que rodeaba el casco para reforzarlo contra el oleaje.
- Antefijas y acróteras: Estos adornos en forma de volutas y palmetas que coronan el templo y los bordes del tejado se asemejan a la espuma de las olas. La palabra griega kyma significa a la vez «ola» y «voluta». Las acróteras se colocarían en la proa y popa, los puntos donde la ola generada por el barco es mayor.
- Vías: Los misteriosos viae que menciona Vitruvio podrían corresponder a las aberturas por donde salían los remos de la línea inferior.
Explicando lo inexplicable: la columnata exterior (perístasis)
Una de las objeciones más fuertes a la teoría sería: si el entablamento es el costado de un barco, ¿por qué algunos templos tienen dos (uno sobre la cella y otro sobre la columnata exterior)?
La explicación propuesta es diacrónica. Con el tiempo, el casco de madera original se pudriría. Una solución sería reemplazarlo con un techo a dos aguas convencional. Otra, más acorde con la hipótesis, sería colocar un barco nuevo y más grande sobre los muros ya existentes. Este nuevo «techo» sobresaldría, obligando a construir una columnata perimetral para soportarlo.
Así nacería la perístasis, un espacio que originalmente no tenía función, pero que quedó petrificado como parte del diseño. La cella interior conservaría el entablamento del primer barco, y la columnata exterior soportaría el del barco de reemplazo.
La perístasis originalmente no tenía función, sino que fue un resultado no pretendido de la ampliación de un edificio original más simple, concluye el autor.
Esta teoría, de confirmarse, cambiaría radicalmente la interpretación de la arquitectura griega. Los elementos que considerábamos «ornamentos» sin función clara, en realidad tendrían un significado representativo. El templo dejaría de ser una anomalía que desafía el principio de que la forma sigue a la función.
Desvelar que los supuestos ornamentos no buscan producir placer estético, sino que son de hecho elementos escultóricos con una función representativa, saca al templo griego del espacio excepcional que ha ocupado erróneamente en la historia de la arquitectura, y lo hace inteligible, afirma el estudio. Y añade: Este edificio también cumple la regla de que ‘la forma sigue siempre a la función’, pero por un camino algo más tortuoso: los requerimientos náuticos determinaron la forma del barco y su francobordo, y luego el deseo de los arquitectos de representarlo en piedra, volteado en lo alto del templo, determinó la presencia en ese lugar de estructuras náuticas y escultóricas que hasta hoy hemos llamado ‘ornamentos’.
La teoría también ofrece una explicación racional para la fuerte simetría bilateral de los templos, heredada de la simetría funcional de los barcos, y para la ubicación de muchos santuarios cerca de la costa.
Ciordia reconoce que la hipótesis necesita ser contrastada con más evidencia. Invita a arqueólogos a revisar excavaciones en busca de rastros de edificios con barcos como techumbre, a filólogos a reinterpretar textos antiguos a la luz de esta idea, y a historiadores del arte a aplicar el modelo naval a otras partes del templo, como las columnas y los capiteles.
No se ha hecho en estas páginas la afirmación de que haya que encontrar restos de barcos bajo los templos griegos, aclara. Los paralelos etnográficos muestran que la imitación de la forma es un paso posterior al reciclaje directo. Los griegos pudieron petrificar la idea del barco-techo, que quizás existió en madera en un pasado remoto o incluso solo en la tradición oral.
La investigación cierra con una reflexión: En la controversia científica es razonable aceptar una afirmación, por extraordinaria que sea, ‘siempre que proporcione la mejor explicación de la evidencia disponible’. Y el autor cree que, al conectar de manera coherente lingüística, etnografía, iconografía naval y arquitectura, su hipótesis cumple con ese criterio, proponiendo una nueva y fascinante lectura de unos monumentos que creíamos conocer bien.
Referencia:
José M. Ciordia, The naval origin of classical entablature in the light of the clay model of a galley from Gytheion. Frontiers of Architectural Research. Available online 30 January 2026. doi.org/10.1016/j.foar.2025.12.003
FUENTE: www.labrujulaverde.com






