Sandra Buxaderas | Roma www.publico.es 16/05/2010

El monumento romano sufre putrefacción interna por la contaminación.

El Coliseo está al límite de sus fuerzas. Casi 2.000 años después de que el emperador Tito lo inaugurara con tres meses de combates de gladiadores y fieras, el símbolo de Roma se cae literalmente a pedazos. El derrumbe, el pasado 9 de mayo, de medio metro cuadrado de techo de una de sus galerías ennegrecidas por el humo del tráfico ha dado la señal de alarma. Las autoridades italianas entonan ahora un mea culpa y se lanzan a la búsqueda de patrocinadores que contribuyan a la restauración del viejo coloso.

Los antiguos romanos tuvieron el detalle de elevar sus construcciones con una sabia mezcla de ladrillo y mortero bajo el mármol que ha resistido el paso del tiempo. Pero, aun así, el Coliseo, también conocido como Anfiteatro Flavio, no escapa al llamado cáncer de la piedra, una especie de putrefacción interna, como ha explicado la directora técnica del monumento, Rossella Rea. La causa es una alteración química favorecida por humos y vibraciones. «No hay duda dice Rea que la primera causa» del derrumbe «ha sido la contaminación».

El Coliseo, a pesar de ser la principal meta turística de Italia casi cuatro millones de visitantes anuales se halla en uno de los principales nudos circulatorios de Roma. Miles de coches, camiones y autobuses transitan todos los días a escasos metros, antes de cruzar el Foro Romano por la avenida que divide las ruinas en dos. Hace 20 años que se habla de vetar a la circulación.

Otros se desvían hacia el Circo Máximo y atraviesan también sin miramientos el espacio que lo separa de la colina del Palatino, que alberga monumentos como la Domus Áurea de Nerón, que se derriten literalmente por la dejadez y el paso del tiempo.

El comisario para Intervenciones Urgentes del Ministerio italiano (el cargo ya apunta a que en Italia se desconoce el refrán de que más vale prevenir que curar), Roberto Cecchi, presentará mañana un plan para la zona arqueológica de Roma. El proyecto prevé realizar un primer corte de tráfico. «El alcalde, Gianni Alemanno, ha expresado su opinión favorable», asegura Cecchi a Público. En cambio, por ahora, la circulación entorno al Coliseo seguirá intacta. Ningún alcalde, de izquierdas o de derechas, se ha atrevido a molestar a los automovilistas. La gestión de los monumentos está en manos del ministerio, pero su entorno depende del ayuntamiento.

En los últimos años, el municipio, ahora en manos berlusconianas, ha autorizado además todo tipo de conciertos y actividades al lado del Coliseo, con el consiguiente festival de vibraciones. El ministerio va a la par. Sólo ahora el viceministro de Cultura del Gobierno Berlusconi, Francesco Giro, anuncia que será «inflexible» y no permitirá «que se celebren conciertos de fin de año» dentro del recinto.

Giro explica que en un máximo de 15 días espera cerrar un acuerdo con varios patrocinadores para restaurar el monumento, con obras cuantificadas en 23 millones de euros. Uno de los que ha acudido en ayuda del Coliseo es el fabricante de bolsos y zapatos de lujo Tod’s, Diego Della Valle. El alcalde de Roma, Gianni Alemanno, ha viajado a Japón en busca de dinero. De este país salieron los fondos para la última restauración de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel y ahora Roma confía de nuevo en la generosidad nipona.

La cuenta de la abuela
En realidad, el Coliseo recauda cada año 32 millones de euros, así que podría pagarse él solo su plan de cuidados intensivos. Pero sus ganancias se dirigen no sólo a tapar agujeros de un ministerio aquejado del crónico déficit de las finanzas italianas es el país con mayor deuda pública de Europa, sino, también, a pagar las reparaciones en otras obras de igual valor histórico pero menos conocidas, como el Palatino, las Murallas del Emperador Aurelio o los kilométricos acueductos en la capital italiana.

Cecchi asegura que se conformaría con que se apruebe su proyecto, que prevé algo tan simple como adoptar planes de mantenimiento sistemático para cada monumento de Roma. Propone que en los contratos de restauración se destine entre el 5 y el 8% del dinero para la manutención de los años siguientes.

«Sale más barato cuidar el día a día que pagar restauraciones», asegura. El problema, confiesa, es que algo tan elemental como la manutención «en Italia no se hace». Así, se ha llegado al punto en el que el Coliseo y otros legados de la vieja Roma tienen que pedir a gritos que el mundo les dé una máscara de oxígeno.

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