José María Villoria Losada | Zaragoza www.iespedrodeluna.es 15/04/2012

El 19 de Marzo, a las 6 y media de la tarde, la compañía “Clásicos Luna” ha llevado a la escena del Teatro Principal de Zaragoza, en el marco del Festival de Teatro Greco-latino Prósopon, su particular versión de Medea. Demostrado el dominio del arte de hacer reir alcanzado a lo largo de diez años, nuestra compañía dirigida por el grupo La Clac, integrado por Juan Luis Pérez Pascual, Mª Ángeles Parroqué Bruñén e Inmaculada Carné Escuer, afrontaba el reto de cambiar la máscara cómica por la trágica y lo ha resuelto brillantemente, consiguiendo asombrar y conmover a partes iguales.

¿Qué decir de esa triple Medea imponente y sobrecogedora que se enseñorea de la escena y que se nos va revelando en parlamentos memorables? En efecto, su poliédrica personalidad se va manifestando gradualmente por contraste con cada uno de los personajes con quienes dialoga: su orgullo y apasionamiento frente a la humildad y sensatez de los esclavos, nodriza y pedagogo, su lucida desesperación y su desarraigo frente a la sumisión a la costumbre patriarcal de las mujeres corintias.

Para poder llevar a cabo su plan criminal, Medea debe hacer bajar la guardia a los dos poderes que la someten, el tiránico del rey y el despótico del esposo, que se ha apropiado de su fuerza reproductora, y ganarse a un tercer poder que le garantice la retirada. Por medio de su inteligencia lúcida, persuasiva y manipuladora, el arma femenina por excelencia en la guerra de sexos, derrota dialécticamente al cínico, y retórico Jasón, se gana con promesas a Egeo, personaje comprensivo y hospitalario que representa el liderazgo democrático Ateniense encarnado en Pericles, persuade con dismulo a Creonte, fingida sumisión ante Jasón seduce con regalos a la vanidosa e incauta princesa, encarnación de la aristocracia. Es entonces cuando la maquinaria criminal de Medea ya se puede poner en movimiento. Dos mensajeras narrarán la concatenación de desgracias, duplicación del mensajero original que aligera el largo parlamento de éste. A continuación se alcanza el climax con el acuchillamiento de los hijos de Medea, objeto de otro modo de la venganza de la familia del rey. Ahora, la tensión del suspense se relaja. La obra termina mostrando la inversión en los papeles de Jasón y Medea, él desesperado, condenado a la misma soledad y desarraigo al que había condenado a Medea al repudiarla, y triunfante ella, a pesar de perder a sus hijos y, paradójicamente, gracias a ello. En la difícil decisión de Medea estriba su superioridad moral sobre Jasón y su condición de heroina.

Eurípides se pregunta cómo una esposa enamorada y una madre al verse repudiada puede llegar hasta tamaña barbaridad. La respuesta es que matar a los hijos y a la nueva esposa es en una sociedad patriarcal el único castigo para el esposo proporcional a la ofensa del repudio, ya que le priva de los hijos presentes y también futuros. ¿Quién puede sostener después de haber escuchado y visto actuar a Medea que las mujeres sean seres humanos inferiores por naturaleza? Eurípides lanza una advertencia al público masculino: la mujer es más inteligente de lo que creéis y puede volverse contra vosotros si la lleváis a una situación sin salida, porque no hay fiera más peligrosa que una mujer herida y acorralada.

Inspiradísima interpretación la de estos actores en estado de gracia dotados de una dicción perfecta para que paladeemos la gran tragedia, la que es capaz de remover los prejuicios más entrañados y de conmovernos tan profundamente. El colorismo escénico –qué gran hallazgo acompañar el relato de las muertes de Glauce y Creonte con microescenas mímicas tamizadas por las cortinas–, el lamento de la viola de gamba, el vestuario, el maquillaje, todos los elementos en su perfecto ligamen han favorecido que el público haya recibido extasiado la triple verdad de Medea.