El lado más cómico de la antigua Roma a través de una estatuilla de bronce del siglo I–II d.C. del Getty Museum.
Sarah Romero www.historia.nationalgeographic.com.es 20/12/2025
Parece que a los romanos también les encantaban los chistes escatológicos. Aparte de los bustos de emperadores o los monumentos de mármol cincelados para durar una eternidad, también existía espacio para el humor artístico. Así lo demuestra una pequeña pero muy elocuente estatuilla de bronce conservada en el Museo J. Paul Getty de Los Ángeles.
Con tan solo 6 centímetros de altura, esta figura pretendía provocar la risa a través del humor más básico. La figurilla representa a un actor cómico romano en plena acción: agachado, con el trasero proyectado hacia atrás, una mano en las nalgas y la otra en la boca, como si estuviera imitando el sonido de una flatulencia. Un “chiste visual” que ha sobrevivido intacto durante casi 2.000 años.
Un pedo en bronce
La estatuilla, titulada oficialmente Statuette of a Comic Actor, fue elaborada entre los siglos I a.C. y II d.C., en pleno auge del Imperio romano. Según el Getty Museum, su estilo y simbolismo reflejan la tradición teatral cómica heredada de Grecia, particularmente de las obras del comediógrafo griego Aristófanes (un genio del humor de la época) y, más tarde, de los autores latinos como Plauto.
El individuo, un tanto regordete, aparece ataviado con un traje de cuerpo entero decorado con un patrón de líneas cruzadas, típico del atuendo de los actores en las llamadas Atellanae Fabulae o farsas atelanas. Aparece agachado y agarrándose con una mano su trasero con la mano izquierda. Además, lleva una máscara cómica con rasgos exagerados, otra marca distintiva del teatro popular romano.
Lo más llamativo, sin duda, es el componente escatológico: no solo la pose y el gesto sugieren una flatulencia, ya que se muestra con dos dedos en la comisura de la boca con la intención de imitar el sonido de una pedorreta, sino que el traje que lleva puesto incluye detalles anatómicos bordados, como un ano y un falo colgante de tela.
Plauto y la comedia de barrio
Para entender esta estatuilla, es imprescindible hablar de Tito Maccio Plauto, el gran maestro de la comedia romana. Plauto adaptó decenas de obras de la Nueva Comedia griega para un público romano más bullicioso y menos refinado que el ateniense. Sus piezas -como Pséudolo o El impostor, Aulularia o La comedia de la olla, o Miles Gloriosus o El soldado fanfarrón- estaban repletas de personajes caricaturescos.
Sus personajes eran muy estereotipados. Se trataba de esclavos tramposos, soldados fanfarrones, viejos libidinosos y jóvenes enamorados. En sus obras, el lenguaje era directo, lleno de juegos de palabras, insultos, referencias sexuales y, por supuesto, bromas de pedos. Este tipo de humor no era marginal. Se representaba en festivales públicos organizados por los ediles romanos, en escenarios temporales montados en el Foro. Era la comedia del pueblo, y los romanos… la adoraban. Con escatología incluida.
Humor romano sin filtros
Este ejemplo no es un caso aislado. En el mundo romano, los chistes escatológicos eran más que frecuentes. Desde grafitis en Pompeya con juegos de palabras obscenos hasta lámparas de aceite con falos alados, el humor corporal tenía un lugar destacado en la vida cotidiana de la sociedad romana.
En el caso del teatro, estas bromas visuales eran parte del repertorio y los propios espectadores las esperaban con agonía. Los actores usaban trajes acolchados, falos postizos y gestos exagerados para provocar la risa entre el público. Por ello, las flatulencias, reales o simuladas, eran un recurso cómico muy eficaz.
Pero el humor, incluso el más escatológico, no solo servía para entretener, sino también para liberar tensiones, cuestionar jerarquías y permitir al público una especie de “purga” emocional. De hecho, en estas obras podemos ver a esclavos engañando a sus amos o jóvenes burlándose de los más mayores. La estatuilla, por tanto, puede que también representase la libertad carnavalesca que permitía el teatro.






