Raúl R. Vega www.20minutos.es 27/12/2013

Entrevista con Santiago Posteguillo, uno de los autores españoles más vendidos de los últimos años. Presenta ahora Circo Máximo, la segunda novela de su trilogía sobre el emperador hispano Trajano. Su anterior trilogía tuvo como protagonistas al general romano Escipión el Africano y al cartaginés Aníbal.

Y tú, ¿de qué medio eres? Se escucha a alguien preguntar.

La cuestión se la lleva el aire…, que recoge una historia dentro de otra, la del valenciano Santiago Posteguillo (1967). El devoto en la materia lo identifica sin vacilar: es el novelista histórico más importante de España en la actualidad. Hablan las cifras. Arrasó con su gigantesca –metafórico y literal– trilogía de Escipión y Aníbal y va camino de repetir con la de Trajano. El parto está en la mitad: Los asesinos del emperador y, ahora, Circo Máximo. Por cifrar su envergadura literaria, del primero vendió 200.000 ejemplares, y Planeta guarda celosamente los datos del segundo, pero no andará lejos.

La cita con Posteguillo tiene lugar en Itálica, antigua ciudad romana y ahora pequeño y encantador enclave a unos 7 kilómetros de Sevilla, cuna de Marco Ulpio Trajano, razón de ser de la segunda trilogía de Santiago, que otra vez repite a mil páginas por libro, pesadilla para los que, devorada la obra en apenas tres semanas, nos quedamos sin droga durante dos años, más menos. Circo Máximo, una historia en siete vueltas, esa historia, esta historia.

Vuelta 1. El origen
Dos millones de pesetas cuesta que el imberbe Santiago se marche a estudiar a Estados Unidos. Su padre saca calculadora y no llega. «Él me dijo que solo podía darme 500.000 pesetas, así que me tuve que arreglar con aquello y me fui a la América profunda. Allí las universidades son oasis de conocimiento. Mi relación con mi padre es muy buena y siempre fue así, por eso le doy mucha importancia en mis novelas. Él me apoyó en todo momento, incluso cuando le dije que quería estudiar Filología. Entonces todo el mundo estudiaba Derecho, era una carrera de provecho».

A su regreso, el escritor novato lo intenta con la novela negra, prueba con la erótica y desemboca en la histórica. «Me lo tuve que currar mucho. Me iba a la fotocopiadora de la universidad, donde ya ejercía como profesor, y hacía miles de fotocopias de manuscritos, pagadas todas de mi bolsillo, que conste. Me hinché a hacerlas».

Santiago ya es profesor en la Universidad de Castellón, está casado, tiene una hija… y una hipoteca. Colecciona 17 cartas de rechazos editoriales a su gran esperanza, una novela llamada Africanus. «Me planteé dejar la escritura, y varias veces. Tenía muchas responsabilidades, pero mi familia me dio un gran apoyo». Finalmente, alguien se la jugó y apostó por él, una pequeña editorial que comenzó colocando cinco de sus libros en cada centro comercial. El vendedor de la editorial casi la lía un día que llegó a El Corte Inglés y vio que los libros de su autor habían desaparecido de la estantería. Error: todos se habían vendido. Comenzaba una historia, ya saben, la bolita de nieve que va creciendo… «Spielberg siempre dijo que hace las películas que le gustaría ver. Yo solo intento escribir lo que a mí me gustaría que me contaran».

Vuelta 2. El caos
La fecha, 2010 o 2011. Es por la mañana, eso sí, y el escenario oscila entre el domicilio familiar (la niña está en el colegio) o la casita en la montaña con vistas a un parque natural. Santiago Posteguillo está escribiendo Circo Máximo, máximo caos. «Tengo enfrente mi ordenador, abierto Word e Internet para cualquier consulta, al menos una docena de libros y diccionarios amontonados, apuntes y fichas de colores, diagramas y personajes coloreados (su hija protestará luego cuando descubra que su padre le ha robado los rotuladores), el teléfono no muy lejos, y un vaso de agua, a veces café y las menos vino o cerveza, una copita no más, que a veces inspira. A las tres horas ya no se puede andar por la zona. Pero tampoco creas que me pongo muy insoportable cuando algo no me sale, aunque eso quizás deberías preguntárselo a mi familia. Cuando he escrito algunas páginas con las que me siento cómodo, estoy de muy buen humor el resto del día. Si la escritura no me ha transmitido esa sensación de estar todo lo bien que yo deseaba, no es que esté irascible, aunque es cierto que no estoy tan eufórico y me siento incómodo conmigo mismo. No puedo evitarlo, la escritura tiene un componente adictivo para mí, pero entiendo que esa adicción, cuando me sale como deseo, es la que me transmite la propia lectura, y quiero pensar que hay adicciones bastante más perniciosas».

«Siempre hay algo que hacer cuando escribes una novela. Hay que escribir aunque no estés inspirado». No falta la llamada diaria de Purificación, su editora en Planeta. Hora y media pasan al teléfono, casi a diario. «Hablamos y debatimos sobre los personajes, los argumentos y los giros de la novela. Él aporta sus opiniones y yo las mías, pero casi siempre llegamos a un acuerdo. Esto de escribir una novela es un parto muy, muy largo», cuenta ella.

La documentación es el Santo Grial. «Gran parte del acierto de la novela es porque hay gente, profesores, catedráticos de Historia y Derecho con muchísimo conocimiento. Ellos aguantan mis interrogatorios y me ayudan a completar la información que no tengo. A fuerza de ser pesado termino haciéndome su amigo. También, por supuesto, están los clásicos: «¿Qué haría yo sin Plutarco?».

Y cuando su curiosidad documental no queda saciada, toca hacer la maleta. Tras su viaje a Rumanía el año pasado para documentarse sobre el terreno junto a su mujer (intérprete jurado de rumano, qué coincidencia), Santiago anda ahora preocupado. Abrochará su trilogía con una tercera novela cuyo nombre ya conoce pero no suelta, pero cuya documentación no es sencilla. «Quiero viajar a Siria, pero según está ahora la zona, no es muy seguro».

Vuelta 3.
Itálica La ruta turística por las ruinas sevillanas cuenta con un guía de excepción. Habrá llegado hasta aquí ya media docena de veces, pero la voz de Posteguillo mantiene un timbre pasional cuando llegamos al anfiteatro, escenario de luchas épicas. En Circo Máximo cambia gladiadores por aurigas. «Siete vueltas sobre la espina (su historia, esta historia…). Siempre quise contar una historia como la de Ben-Hur y hace dos años supe por fin cómo». Lo consigue: describe, cuenta y tensiona durante cada chasquido de látigo que salpica las páginas de emoción y sangre de Níger, y hasta aquí puedo leer. «Amo a los animales y por eso quise darle a este caballo un papel tan importante»… Y se interrumpe a sí mismo: «Mirad, mirad, aquí descansaban los gladiadores, intentad imaginároslos jugándose la vida» y Posteguillo se agacha, se tumba y roza el suelo para poder explicarlo mejor. Y qué más da que se manche…

Si uno permanece allí, en silencio y quieto, una efigie, resonará algún golpe de gladio. «A mí eso me pasa siempre. Cuando fui a Rumanía con mi mujer y descubrí escenarios de la historia que yo he contado, lo sientes. El viento, el sol, las colinas… ese olor… siguen ahí, como entonces. Cuando vi la lápida de Longino (personaje básico de su novela) me quedé extasiado». La escultura de Trajano, que sobrevive a duras penas y recibe un diluvio de flashes cuando Posteguillo posa a su lado, escucha inerte.

Vuelta 4. Trajano
Más de 2.000 páginas –de momento– pivotan sobre la figura de este emperador romano nacido en España, falto de un crédito que, a juicio de Posteguillo, era necesario restaurar. «Siempre ha sido un líder muy infravalorado y encima era español. Me he rebelado contra esto. Carlos I, Felipe II y Trajano han sido los españoles que más han mandado y se ganaron que hablemos de ellos y los situemos donde se merecen. Cuando empecé a investigar sobre Trajano, me di cuenta de que valía la pena». El autor no oculta la admiración que profesa por su musa: «Conviene identificarte con alguien con el que vas a pasar 3.000 páginas juntos, pero creo que consigo ser objetivo, porque destaco las cosas buenas de Trajano, pero también las malas. Por ejemplo, bebía mucho, demasiado».

Trajano también está consiguiendo un éxito póstumo, enriquecer la prosa de su admirador/‘biógrafo’: «Creo que sí estoy evolucionando literariamente. Busco menos el embellecimiento del lenguaje, describo más los acontecimientos. Siempre busco que la intriga mantenga vivo el interés del lector. Intento que las batallas estén contadas desde más de una perspectiva, mostrando a los dos contendientes con sus virtudes y defectos. No es fácil mantener vivas tantas historias en una novela que supera las mil páginas y me supone un esfuerzo muy importante, pero tengo claro que si abres una ventana, una historia, el lector te va a pedir que la cierres. Las únicas que dejo abiertas continuarán en el próximo libro».

En muchas páginas de Posteguillo se percibe un perfume reconocible, destila una estructura de apellido universal: Tolkien. «Es uno de los grandes escritores de toda la historia, inteligentísimo, y sí, es cierto que en mis libros a veces noto la influencia de El Señor de los Anillos. Abandono durante 100 páginas a un personaje para que el lector se quede con esa intriga, pero al final termino volviendo a él. Es que Tolkien era un genio».

Vuelta 5. Roma
Mucho título para tan poco espacio. Basta hacer una simple pregunta y Posteguillo es una metralleta. «Creo que vi por primera vez esta ciudad cuando tenía 6 años y me quedé impresionado por todo. Después seguí viajando allí, fui en mi luna de miel y ahora queremos llevar a nuestra hija. Roma es preciosa, inigualable, un gigantesco museo vivo que nunca acabas de ver en su totalidad, una ciudad en la que se puede comer muy bien, además. Lo que daría yo por haber vivido en aquella época, haber mantenido correspondencia con Plinio, imagínate… aunque también es fácil decirlo ahora. Entonces no tenían antibióticos, calefacción y muchos placeres actuales. Roma tiene un solo problema: los taxistas. Lleva siempre dinero suelto porque intentan engañarte. He escrito muchas cosas sobre este imperio y me quedan aún más que contar».

Vuelta 6. Un poco de historia
Terminará siendo verdad. ¿Vivimos en un bucle, infinito, que siempre comienza, concluye y vuelve a su punto de origen, allá donde empezó? «La historia que yo escribo tiene 2.000 años de antigüedad, pero encuentra muchas similitudes con la actualidad. Trajano luchaba muchísimo contra la corrupción, obligaba a los corruptos a devolver su dinero. Seguro que lo hubiera hecho con Bárcenas y que este lo devolvería. La perspectiva del Coliseo y sus leones motiva a cualquiera para devolver lo robado. Ahora estás en una cárcel, con tu cama y televisión y sabes que el dinero lo tienes bien guardadito quién sabe dónde. Trajano también decidió ser austero y, aunque no subió los impuestos, hizo algo que ahora no se puede hacer: devaluar la moneda. Además, publicó todos los gastos de la familia imperial, ponía fiscales para controlar a los gobernadores de provincias…».

¿Algún tirano actual de la calaña de aquellos Nerón, Domiciano o Calígula? «Pues si buscas en Siria o Corea del Norte seguro que encuentras a uno. Los tres que me has nombrado fueron tremendos, pero muy distintos. Calígula terminó loco, a Nerón lo traicionaron sus pretorianos y Domiciano era el más inteligente de todos. Supo conseguir la lealtad de los pretorianos subiéndoles el sueldo y se mantuvo en lo alto durante casi 15 años. En la obra hay una frase que me llama la atención y describe a la perfección lo malvado que era. Es cuando le dice a su mujer ‘Tu sufrimiento es tan perfecto que casi es una obra de arte’». ¿Algún líder con la personalidad de Trajano? «Eso es más difícil de responder. Lo teníamos en Sudáfrica, pero se nos acaba de morir», dice refiriéndose a Mandela.

La pregunta, aunque tópica, se hace necesaria y sale sola: ¿Aprendemos de la historia para no repetirla? «No aprendemos. Genéticamente parece que no trasladamos el conocimiento de la experiencia. Ayudarían mucho la cultura y la educación, pero mira cómo está ahora todo con los recortes. Nos están idiotizando».

Vuelta 7. Lo que viene
Terminada la promoción, que le lleva unos cuantos meses por un carrusel de firmas de libros, entrevistas, conferencias y clases magistrales, Santiago Posteguillo volverá a enclaustrarse. Repetirá todo el proceso, mientras guarda en un rincón proyectos que de momento aún quedan en el horizonte: «Me queda mucha historia que contar, muchos personajes de los que escribir, pero quizás en un futuro pruebe con otros géneros. No en vano ya lo hice en mis comienzos como escritor». Puri sonríe y asiente. Algo se traen entre manos.

El universo Posteguillo escapa de las fronteras de las páginas de un libro. «Ahora estamos negociando para una posible adaptación al cine de alguna de mis novelas. Ha habido muchas negociaciones, pero de momento, nada. Tenemos buscado hasta el escenario, los estudios, pero no sé… Los asesinos… es más adaptable, porque requeriría menos financiación. Con Africanus vete tú a pedir dinero para pagar los ochenta elefantes que necesitaríamos en la batalla de Zama».

Sin abandonar el celuloide, el escritor valenciano hace también un pequeño barrido por los hitos ‘cinematohistóricos’, palabro que no existe pero aquí encaja. «La escena inicial de Gladiator es muy impactante, aunque el rigor histórico no sé, eso de bombardear a la Infantería con catapultas… En Alejandro sale Anthony Hopkins con el Faro de Alejandría detrás, cuando aún no estaba hecho en esa época. Y luego está Troya, en la que los productores le llegaron a decir al director: ‘Aquiles morirá al principio de la historia, en La Ilíada, pero Brad Pitt morirá cuando nosotros lo digamos’, y así tienen al pobre Aquiles deambulando por la película».

Pero hasta entonces, novela histórica de un pasado no tan lejano. «Circo Máximo, al fin y al cabo, intenta ser una metáfora de la vida, de nuestra forma de amar y odiar, de ser leal o innoble, de luchar o rendirse». Santiago anda más despacio que habla, mientras el periodista profano ya se ha dado cuenta de que aquel por el que preguntaba no era periodista. Es un escritor. Y la vida, un circo máximo.

Recomendaciones históricas ‘made in Posteguillo’

A la hora de ceñir la experiencia histórica del autor valenciano a solo diez obras de su mismo género, Posteguillo elige estas: Yo, Claudio; Claudio, el dios; El lazo púrpura; Salamina; Guerra y paz; Ivanhoe; El capitán Alatriste; Creación; Quo Vadis, y Trafalgar, de Benito Pérez Galdós. En cuanto a los autores, Posteguillo se decanta por Galdós, Arturo Pérez Reverte, José Calvo Poyato, Alejandro Núñez Alonso, José Luis Corral, Sebastián Roa, Juan Eslava Galán, Robert Graves, Henryk Sienkiewicz y Gore Vidal. No obstante, las influencias de Santiago Posteguillo llegan desde muchas coordenadas: «Siempre me han encantado la novela negra y todas las que tienen juicios. Me encanta Grisham y esas películas de abogados… Por eso en esta novela he metido un juicio como elemento destacadísimo».

Nombres mayúsculos en la obra de Posteguillo

Julio César, Marco Trajano, Publio Cornelio Escipión, Aníbal Barca, Domiciano, Nerón… un sinfín de personajes de primera categoría van desfilando por las páginas de Santiago Posteguillo.

ESCIPIÓN (236 a.C.-183).
Pasó a la historia con el apodo de El Africano. Derrota a Aníbal y al imperio cartaginés en la batalla de Zama. Su nieto Escipión Emiliano sitió Numancia.

ANÍBAL (247 a.C.-183).
Fue considerado, junto a Alejandro y Escipión, el tercer mejor general de la historia. Su vida estará marcada por la suicida travesía de Los Alpes a lomos de elefantes.

JULIO CÉSAR (100 a.C.-44). 
El gran líder político y militar sin parangón. 23 puñaladas acabaron con su vida durante ‘los idus de marzo’.

CALÍGULA (12 d.C-41).
Sin duda, Calígula es uno de los mayores tiranos que han habitado este planeta. Su mayor recuerdo: nombró cónsul a su caballo. Terminó asesinado.

NERÓN (37 d.C.-68).
La gran estatua de este emperador, El Coloso, dio nombre al anfiteatro romano. Mientras Roma ardía, él tocaba la lira, una imagen para la historia.

DOMICIANO (51 d.C-96).
Último emperador de la Dinastía Flavia, Domiciano era hermano de Tito e hijo de Flavio Vespasiano. Su crueldad admite pocas comparaciones.

MARCO TRAJANO (53 d.C.-117).
Sevillano de nacimiento, sucedió a Nerva y dejó un legado que perdura hasta nuestros días. «Fue un gran líder», dice de él Posteguillo.

ADRIANO (76 d.C.-138). 
Origen hispano también para este emperador cuyo protagonismo en la tercera novela de la trilogía de Santiago Posteguillo irá en aumento.


FUENTE: http://www.20minutos.es/noticia/2014153/0/entrevista/posteguillo/trajano

ENLACES:
Posteguillo: ´Trajano fue un gran gestor que luchó hábilmente contra la corrupción´

´La vida es como un enorme Circo Máximo´

Sitio web oficial de Santiago Posteguillo