Pablo J. Vayón | Sevilla www.diariodesevilla.es 06/02/2010

La productora FRA Musica presenta el ‘Dido y Eneas’ de Purcell en la versión de William Christie y Deborah Warner.

Aunque puede considerarse uno de los mayores autores de música teatral jamás nacidos en Inglaterra, Henry Purcell compuso sólo una ópera en sentido estricto, Dido y Eneas, que arrastra su extrema concisión (apenas 50 minutos) como una desgracia que purgar, pues no hay grandes teatros dispuestos a ofrecer puestas en escena de la obra, por lo que lo normal es acostumbrarse a escucharla en versiones de concierto o en salas de segundo nivel. Una pena, porque con el Venus y Adonis de su amigo y colega John Blow, la ópera de Purcell forma un formidable programa doble, que además permite hacerse una idea de lo que pudo ser y no fue: un estilo de ópera inglesa que no cuajó y que en el siglo XVIII sería definitivamente barrido por la irrupción de los italianos.

Es justamente la presencia de la operita de Blow, estrenada en la corte de Carlos II a principios de la década de 1680, lo que hace dudar de que la obra de Purcell se presentara, como se ha venido defendiendo mucho tiempo, en fecha tan tardía como 1689 en un pensionado femenino de Chelsea, aunque esa parece la tesis que acepta Deborah Warner en esta producción realizada para el Festival de Viena de 2006 y ofrecida luego en la Opéra Comique de París en diciembre de 2008, donde se hizo la grabación para este DVD. Así lo indica claramente la presencia de las niñas uniformadas que juegan y danzan como supuestamente pudieran haberlo hecho en origen. También en buena medida el uso del coro como mero espectador y comentarista de la acción -más coro de tragedia griega que nunca-, una acción que transcurre en el centro de la escena con unos mínimos elementos de atrezzo y un vestuario de época. Warner contrasta fuertemente las escenas cortesanas con las de las brujas, que vuelca, como es norma, hacia la expresión más vitriólica y ridícula, obviando el componente sobrenatural, que es el que justifica su inclusión en la obra.

El edificio se soporta en gran parte por la actuación prodigiosa de Malena Ernman, que imprime un fortísimo carácter al retrato de la reina cartaginesa, trazando un apasionante y fugaz recorrido que va de la duda al amor y de éste a la furia y el abandono a la muerte. Vocalmente, Ernman da sentido a cada frase, a cada matiz y se muestra impecable en la técnica. Delicada y con suficientes medios, pero algo más impersonal, resulta la Belinda de Judith van Wanroij y extraordinaria la Hechicera de la contralto Hilary Summers, de hermoso, oscuro timbre y una arrasadora calidez expresiva. Christopher Maltman está correcto en el soso papel de Eneas, y muy elegante Marc Mauillon, un tenor para el rol del Duende. Como en sus dos anteriores grabaciones de la ópera (Harmonia Mundi y Erato), William Christie destaca convenientemente la influencia que la obra recibe de la música francesa con un acompañamiento de exquisita finura y un tratamiento de los coros de extraordinaria profundidad, que en el de cierre se hace ardientemente conmovedor.

Solistas: Les Arts Florissants. William Christie. Deborah Warner FRA Musica (DVD) (Harmonia Mundi)