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07/03/2005

Carlos Javier Blanco www.rebelion.org

Socialistas y humanidades

Como profesor de filosofía en Bachillerato quisiera señalar lo que, a mi juicio, son algunos aspectos completamente demagógicos que se presentan en el documento ministerial titulado “Una educación de calidad para todos y entre todos”. No me centraré directamente en lo que pueda referirse a las asignaturas de Filosofía o Etica, sino más bien en la formación humanística en general, a la luz de los cambios que se prevén tras la lectura de este libro.

Allí se nos habla de unos saberes “instrumentales”, mas hablando en rigor, todo el conocimiento - desde que ha caído bajo la administración de los “expertos educativos”- ha sido rebajado a la condición de instrumento. No parece que ninguna materia o ciencia posea una finalidad “intrínseca” en la educación del joven. Siempre es “para” algo. El título del documento ministerial lo expresa: “para la sociedad del siglo XXI”. Se trata de “alfabetizar” (sic) a la sociedad con vistas a prepararla hacia ese siglo, que es el futuro. No se trata de construir el futuro preparando a lo educandos, no, sino de preparar a esos pupilos para un siglo y una sociedad a la que todos nos hemos de adaptar. Entonces ¿qué es lo instrumental? Según el texto, queda claro que son las personas las tratadas como medios para algo, para una abstracción que es “la sociedad del siglo XXI”. No se intentará, en modo alguno, transformar la sociedad que desde hoy hasta finalizar el siglo nos tocará vivir a nosotros y a la próxima generación. Somos las personas y, especialmente los niños y jóvenes, los que, cuales piezas en bruto o mal recortadas por sistemas pedagógicos y maestros recalcitrantes, no estarán adaptados al puzzle social que, de esta guisa, se sacraliza y cosifica.

El documento, dentro de una visión instrumentalista de la educación y de la persona, que no disimula, incide en dos “competencias” que son, según los expertos ministeriales, las prioritarias, vale decir, las más instrumentales de todas: “alfabetización en nuevas tecnologías” y “aprendizaje de lenguas extranjeras”. Las directrices emanan de organismos supranacionales a los que de forma solícita (o mejor, sumisa) los prebostes locales se adaptan con fervor y sin atisbo de crítica. La fundamentación de esa directrices radica en una mayor interconexión mercantil de los estados miembro y, en última instancia, del mundo entero, pero esta base apenas se puede vislumbrar en los documentos pedagógicos de cada una de las últimas reformas y previsiones de reforma. Pero la Unión Europea es, ante todo, una fabulosa Unión de Consumidores, y la “alfabetización” es, en realidad, una capacitación para las nuevas formas de consumo. Saber idiomas y rudimentos de informática son las joyas de la corona educativa, una corona que en nuestro estado español ya es de mera hojalata. El oro, o al menos la plata de nuestro arcaico bachillerato previo a la LOGSE está en la casa de empeño. Nada sabíamos aquellos antiguos alumnos de ordenadores que hoy manejamos, y apenas algo de inglés o francés, es cierto, pero la formación base de los jóvenes españoles, tanto en las Ciencias (física, matemáticas) como en las Humanidades (el latín, el griego) era en general la suficiente para ingresar con cierta soltura en los estudios superiores, o al menos, si nos abocábamos al mundo laboral, era la adecuada para considerarse personas cultas y capaces por sí mismas de aprender conocimientos nuevos.

Hoy en día, con el bachillerato más corto de nuestra historia, y no sé si del mundo, los alumnos apenas pueden embutirse unos contenidos intelectuales mínimamente solventes para acceder a la formación superior. Vienen de una larga etapa obligatoria (la ESO) cuyo propio acróstico evoca un demostrativo, harto indefinido, inaprensible e inconcreto. Cuatro años en los que al alumno se le muestra un poco de todo: Toma eso, toma aquello, coge esto otro, pero cuatro años de secundaria en los que el jovencito no se queda con apenas anda. A estos adolescentes que apenas saben leer, expresarse o hacer las cuatro reglas (y esto una vez obtenido su título) se les quiere alfabetizar en otras competencias instrumentales ¡Recordemos que son europeos y modernos, y que sin idiomas ni ordenadores no se puede andar por el mundo! Pero, sobre todo, recordemos que son nuestro mercado consumidor del futuro: si ahora portan y poseen todo género de juguetitos electrónicos ¿por qué no meterles ordenadores hasta en la misma sopa? El documento de la ministra dice que estas máquinas de aprender motivan por sí mismas, autocorrigen y... ¿Quizás ahorren profesorado así como formación de profesorado? No, este último punto no viene incluido entre su futurista propuesta de aulas skinnerianas e informatizadas. El argumento “progresista” y de “izquierdas” consiste en decirnos que hay que evitar la “factura social” (sic) entre quienes estén alfabetizados y quienes no lo estén en el uso de estos aparatos. Los niños ricos, nos dicen, pueden pagarse sus clases extra y profesores particulares. Los que no pueden, quedan discriminados. Con la lógica de la no-discriminación, la escuela y el instituto, tristemente, abandona su cometido central, el único que verdadera les justifica: dar una formación humanística fundamental a la persona. Según la lógica de la no-discriminación, en el instituto público habría que dar clases gratuitas de golf, de patrón de yate, o equitación, para que así los chicos de economías deprimidas no se sintieran discriminados. La lógica es la misma, con abstracción de los juicios de utilidad que merecieran estas enseñanzas. Lo que el instituto y la escuela no proporcionan –en cuanto a formación humanística fundamental- a la edad adecuada de los chicos, difícilmente lo puede dar la sociedad en otras instancias, ya sean públicas o privadas. En cambio, un cursillo de informática, unas clases extra de idiomas, y muchos otras actividades no fundamentales, pueden ser convenientemente subvencionadas y ofertadas en otros ámbitos de la sociedad. Pero debería quedar claro que no son cosas que se consideren prioritarias en la formación ciudadana, se diga lo que se diga. No lo son en comparación con el resultado que tenemos de estos años de LOGSE y que ya constituye una vergüenza a nivel mundial: miles de chicos que no saber leer ni escribir, no pueden expresarse oralmente, no saben dividir, ni por dónde caen los Pirineos o pasa el Pisuerga, ni tampoco tienen ni idea de qué cosa fue la II República.

Lo que sucede –en el fondo- es que hay que vender muchos ordenadores y programas. A corto plazo, los gobiernos autónomos pueden comprar cacharros electrónicos - por millares- para todos sus colegios e institutos. A largo plazo, una juventud “alfabetizada” en la informática y, poco más o menos que políglota, aunque analfabeta funcional en las restantes cosas, podrá consumir aparatos y programas de estos por millones. Parece mentira que, al cabo de una década larga de LOGSE, con resultados tan estrepitosos, se afirme en el documento: “Hoy es necesario pasar del aula de informática a informatizar las aulas”. ¡Y qué nos queda por hacer con el antiguo pizarrón y la sucia tiza blanca!. ¡Si tan solo pudiéramos recuperar los niveles académico-intelectuales y la disciplina anteriores a la LOGSE, allá se las compusieran estos expertos ministeriales con todas sus aulas políglotas e informatizadas!

Que al gobierno del estado le importa bien poco disponer de una población culta queda bien patente en frases como la siguiente. Al proponer un “Bachillerato flexible”, lo hacen con vistas a “cumplir el objetivo de ser la economía competitiva basada en la sociedad del conocimiento que los europeos nos hemos propuesto para el año 2010”. ¡Nos hemos propuesto! ¡Y emplea la primera persona del plural! Entre líneas, también se nos quiere incentivar para que haya mayor cantidad de alumnos en Formación Profesional en lugar de la Universidad. De nuevo, son las personas las que se han de adaptar al mercado laboral, y no éste el que debe rastrear entre los talentos y personas cualificadas disponibles. Que todo el saber administrado va a convertirse en instrumento, y que las propias Humanidades van a soportar un nuevo acoso y reducción, viene expresado perfectamente en la propuesta de introducir una materia común nueva “destinada a profundizar en el conocimiento de las bases científicas”.

De una u otra manera, se prosigue en el cuarteado y eliminación de la formación humanística. Esta ya es minoritaria desde que se implantó la modalidad de Ciencias sociales y de la Administración, en la cual se recibe una formación predominantemente tecnocrática: economía, administración de empresas, informática, matemáticas aplicadas... ¿Estas son las llamadas ”ciencias sociales”?

Bajo el término “flexibilidad”, tan utilizado a la hora de caracterizar el nuevo bachillerato propuesto, lo que se quiere aumentar en realidad es la flexión o plegado de los alumnos a las demandas del mercado. Nunca se puede pedir una operación inversa a la sacrosanta Economía de Mercado. “Flexibilidad” significa, en este documento, convertir poco a poco, y cada vez en mayor grado, al Bachillerato en una suerte de Formación Profesional en el cual el mayor número de asignaturas cursadas no son, propiamente, formativas sino, más bien tecnocráticas, meramente habilitadoras para las profesiones y la competencia técnica o administrativa. Otra vez se quieren vender los cambios bajo las etiquetas de “optatividad” y “libre elección”, como si fuera la libertad del alumno la que viniera a quedar consagrada, y en realidad lo que se practica es una limitación de su bagaje intelectual y de su capacidad ulterior para especializarse o para modificar el curso de su carrera en futuras decisiones. Es la historia de siempre, trasladada desde la Economía a la Educación: hacer pasar por “decisiones de un consumidor soberano” lo que son, a la postre, decisiones del Sagrado Mercado. Bajo el pretexto de “aumentar su capacidad de elección de materias ofreciendo más posibilidades que en la actualidad”, el núcleo común y compacto de una formación cultural sólida se va a estrechar y reducir al máximo (el propio documento habla de “mantener” ese núcleo, lo que nos recuerda a la protección de especies animales en peligro de extinción). El asedio a ese núcleo ya estaba planeado desde hace muchos años, la LOGSE lo instauró y esta es otra vuelta de tuerca.

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