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25 de novembre de 2002

ABC, Madrid

El Prado descubre que la «Apoteosis de Claudio» fue un monumento funerario
MADRID. ABC

Miguel Zugaza, director del Prado, y Rafael Benjumea, de la Fundación Botín, presentaron ayer la restauración de la estatua «Apoteosis de Claudio»
La limpieza y restauración de la «Apoteosis de Claudio», escultura que Felipe IV tenía en su despacho y que llegó al Museo del Prado en 1830, ha revelado que la obra, única en su género, fue en época romana no de exaltación del emperador, como aún indica su nombre, sino funeraria, informa Efe. Considerada en los siglos XVII y XVIII como la pieza más valiosa de todas las colecciones de la Corona, puede admirarse de nuevo en el Prado nada más traspasar la puerta central de Velázquez.

Hasta hoy se pensaba que había sido realizada para deificar al emperador romano Claudio. Pero los estudios llevados a cabo durante su restauración, patrocinada por la Fundación Marcelino Botín, de Santander, han confirmado, en cambio, que este conjunto escultórico marmóreo es un pastiche del siglo XVII y que el busto de Claudio que lo coronaba -y que ahora ha sido retirado- era un añadido posterior. Según Stephan Schroeder, del departamento de Escultura del Prado y autor de un volumen explicativo de los trabajos con David García López y Carmen Gómez García, la escultura original, un montón de armas y armaduras sobre las que se posa un águila con las alas abiertas, fue en realidad «un monumento funerario de un famoso general de Augusto, el general Marcus Vallerius Messalla Corvinus (64 a.C.-13 d.C.)», en cuya villa de Roma fue encontrada». Lo que debió de ser su pedestal rectangular original, dentro del cual se empotraba la urna de cenizas del difunto, se perdió, y en la época barroca le fue añadido otro realizado por el escultor Orfeo Boselli por encargo del noble italiano Alberico Cybo Malaspina.

La escultura, que el cardenal Girolamo Colonna regaló a Felipe IV en 1664, la culminaba un busto esculpido por Valeriano Salvatierra hacia 1830, pero que sólo reproducía otro auténticamente romano perdido en el XVIII. La restauración ha supuesto desmontar 136 piezas de la parte superior y 51 del pedestal, limpiarlas con agua y ultrasonido; rellenar los huecos con estuco y darle a éste el color del mármol con acrílicos; y unir de nuevo las piezas con nuevas resinas y con pernos de acero inoxidable. Dirigidos por Silvano Bertolin, los trabajos de la parte superior duraron dos meses y se realizaron en la primavera de 1998, mientras que los del pedestal, el pasado verano.

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