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8 de julio de 2002

EL PAÍS, Madrid

Angela Molina. Foto: Gorka Lejarcegi. Fuente: EL PAÍS

Ángela Molina, actriz

'En el teatro hay que inventarse el presente'

M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA | Madrid

Cumple 30 años delante de las cámaras y no para de rodar. Es una mujer apasionada y también valiente. Porque la seguridad que proporciona poseer una de las carreras más sólidas del cine español la cambia ahora por el vértigo del teatro. Ángela Molina, hija, hermana y madre de artistas (toda una saga nacida en su mayoría en la madrileña calle de Guzmán el Bueno) debuta el 11 de julio en la 48ª edición del Festival de Teatro Clásico de Mérida con la obra Troya, siglo XXI, de Jorge Márquez y Gerardo Vera. Esta actriz, nacida en 1956, puede decir que ha trabajado con Buñuel, Ridley Scott, Almodóvar, Borau, Gutiérrez Aragón, Mastroianni... Cuentan de ella una y otra vez que es despistada (y la verdad es que conseguir localizarla cuesta lo suyo), misteriosa y que tiene mucha facilidad para atrapar a los hombres. También se dice que ha sido siempre una mujer genuina que no se ha traicionado. Y lo parece, aun en una entrevista por teléfono. Al pedirle un balance de su carrera, más que resaltar lo profesional, insiste en que sobre todo lo que persigue en la vida es seguir fiel a sí misma y a los que quiere.

Pregunta. ¿Por qué ahora y no antes su debú en el teatro?

Respuesta. Porque he tenido la sensación de que ya me toca. Durante toda mi vida he mantenido una absoluta implicación con mi trabajo cinematográfico y cuando me ofrecían hacer teatro me suponía dejarlo y consideraba que no estaba en condiciones de hacerlo. Mi mundo es el cine y hasta ahora no tenía otra motivación mayor.

P. ¿Y por qué ha elegido Mérida y la obra Troya, siglo XXI?

R. Ambas me han elegido a mí, y cuando me llegó esta propuesta me hizo mucha ilusión. La obra es una tragedia que está alimentada por los cauces clásicos.

'Llevo bien el paso del tiempo, realmente es un buen compañero'

P. ¿Sigue siendo la tragedia griega un modelo vigente para representar los conflictos del mundo actual?

R. Los orígenes de la tragedia en el hombre son siempre, desgraciadamente, los mismos, la ambición, el poder, la mentira..., también el dolor es siempre el mismo. Al ver que este texto es absolutamente contemporáneo y a la vez tan lejano en el tiempo, me conmovió. Y aquí estamos, para hacer conscientes todos esos males que aquejan a la humanidad.

P. La obra también habla del paso del tiempo. ¿Considera que enseña algo o creer en ello es una salida recurrente?

R. En la vida sí que enseña. Lo que pasa es que el hombre se olvida a menudo de ser feliz, de vivir en armonía con uno mismo.

P. Y usted, ¿que tal lleva el paso del tiempo?

R. Bien, realmente es un buen compañero, y que no me falte nunca para expresarlo y darle mi vida.

P. Melanie Griffith se quejó de que pasados los 40 años en Hollywood no escriben papeles interesantes para las mujeres. ¿Pasa lo mismo en el cine europeo?

R. No sé si se puede llegar a una conclusión aplastante. Es posible que haya menos papeles porque las historias se prevén en función de los jóvenes, que son los que más van al cine, o por lo menos se entiende así. Y, consecuentemente, sí hay menos opciones interesantes para personajes maduros. Es duro, pero hay que asumirlo, luchar y desarrollar otras campos.

P. ¿Le produce vértigo hacer teatro?

R. Sí, es un desasosiego continuo. Ésta es una obra que expresa tan al límite los sufrimientos que el hombre puede soportar que a veces es muy desconcertante y obsesivo y hay que tener cuidado.

P. ¿Es usted obsesiva?

R. Soy muy vital, y entonces todo me afecta mucho y tengo que tener paciencia conmigo misma.

P. ¿Qué diferencias encuentra entre actuar en cine o en teatro?

R. Fundamentalmente, la persona es la persona en todas las artes y siempre va a expresar sus motivos y sus necesidades. Hay una diferencia interesante al hacer teatro y es la viveza y el diálogo con el público. En el cine es una abstración, pero también es mucho más libre. El teatro es para santos, es mucho más sacrificado.

'Soy muy vital y todo me afecta mucho, tengo que tener paciencia conmigo misma'

P. ¿Le está costando mucho?

R. No quiero coger miedo a esa palabra. No es fácil. Para mí es nuevo, diferente. Requiere mucha más energía, más concentración y otro tipo de trabajo con uno mismo. En el mundo del cine creas vida presente y en el teatro hay que inventárselo. Es una relación distinta con la palabra, el sonido, la expresión... Por eso es interesante que un mismo actor se enfrente en distintos terrenos.

P. Pero en España el mundo del teatro y el cine están muy compartimentados, a diferencia de Inglaterra, donde hay mucha interrelación entre los actores y directores de ambas disciplinas.

R. Es cierto que ambos mundos están aislados porque yo también lo siento así, como si unos y otros se respetaran y no se necesitaran. Y es una lástima, porque es el mismo oficio, pero como este oficio conlleva espíritus abiertos, luego no se es tan riguroso. Se dice mucho que los actores que hacen teatro lo necesitan, aunque luego hagan cine. A posteriori te diré si es verdad, cuando sienta al público en vivo.

P. ¿Cómo puede reaccionar el teatro para atraer públicos tan mayoritarios como el cine?

R. Meter más la pata y que la gente se sienta más identificada con él. El teatro es el pueblo puro y lo necesitamos, lo llevamos dentro. Otra cosa distinta es que comercialmente vaya mejor o peor. Pero creo que se encuentra en un momento lleno de expectativas.

P. ¿Y cómo está el cine?

R. No veo guiones tan buenos, quizás esto refleje el desconcierto que vivimos.

P. Pertenecer a una familia llena de artistas ¿le ha abrumado alguna vez?

R. Al contrario, me calma. Hoy he comido sola en un restaurante y de fondo sonaba la música de mi hermana y he pensado: ¡qué buena compañía!


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