Verónica Viñas | León www.diariodeleon.es 20/03/2010

Hay poca epigrafía de la época porque San Isidoro, la Catedral y la muralla se construyeron con lápidas romanas.

¿Quiénes fueron los primeros habitantes de la Legio VII? La pregunta tiene difícil respuesta. El historiador Juan José Palao, profesor de la Universidad de Salamanca, es uno de los pocos investigadores que ha tratado de averiguar quiénes eran, con nombres y apellidos, y cómo vivían, los militares romanos que fundaron la que hoy es la ciudad de León.

Ha descubierto hasta la fecha la identidad de cerca de 200 de los 5.500 habitantes que llegó a tener el campamento romano. Un destacamento de «tipo medio» para la época. Hay que tener en cuenta que en el recinto campamental residirían no más de 4.000 hombres, mientras que el resto estarían repartidos por todo el territorio de Hispania, desde Tarraco a todas la capitales de conventus y zonas mineras.

De los 200 personajes del León romano identificados, una veintena son militares, mientras que el resto es personal civil: artesanos, esclavos, alfareros, armeros libertos, militares veteranos (jubilados), mujeres y niños. Todos ellos adscritos a la Legio VII Gemina; porque de la Legio VI Victrix no hay ni rastro.

La población civil vivía en la canaba, que se supone que estaría localizada en lo que ahora es el barrio de San Martín y a los dos lados de las puertas laterales del campamento. Además, hay que contar a los habitantes de la vicus Ad Legionem, una aldea próxima al campamento cuyos restos han sido localizados en Puente Castro. De artesanos se conoce a Cayo Licinio Máximo, que era un pésimo alfarero, como se ha comprobado por la calidad de sus piezas, así como a sus colegas L. M. Gem y Caliga (firmaba con una sandalia).

León es un caso insólito. Pese a que aquí se asentó durante tres siglos el principal campamento de la Hispania romana, apenas hay documentación epigráfica. Palao tiene una explicación: la mayoría de las lápidas funerarias se reutilizaron, posteriormente, en la construcción de la muralla, San Isidoro, la Catedral y los primeros palacios reales. De hecho, hace unos meses se descubrieron un centenar de lápidas en el cubo de la muralla que se adentra en el convento de las Clarisas, en la calle Carreras, que ya han sido extraídas y están siendo actualmente estudiadas en el Museo de León.

Ciertamente, nunca ha aparecido una gran necrópolis romana en las 200 excavaciones arqueológicas que se han llevado a cabo desde 1993, fecha de aprobación del Plan Especial del Casco Antiguo, que obliga a realizar catas en los solares de la zona histórica de la ciudad como paso previo a cualquier construcción. Según Palao, lo lógico es que existieran dos cementerios: uno civil y otro militar. Su ubicación sigue siendo una hipótesis, porque no han salido a la luz. La mayor parte de las lápidas localizadas hasta ahora, donde figuran el nombre y el rango del difunto, son de finales del siglo I y principios del II. Datos de un valor inestimable para reconstruir la vida de los fundadores de la ciudad.

Tulio, Aurelio, Cayo y Agrippa. Entre los personajes que ha sido posible identificar, Palao tiene sus «favoritos», como el legado Quinto Tulio Máximo, que dedicó un altar a la diosa Diana con el poético texto: «Acotó las llanuras de un campo y las consagró a los dioses, y para ti, virgen Delia triforme, estableció un lugar sagrado Tulio de Libia, caudillo de la legión Ibera, para poder ensalzar a las corzas veloces, y a los ciervos, y a los jabalíes de pelaje hirsuto, y a la raza de caballos que habitan los bosques; para poder competir en la carreta y con el filo del hierro, bien portando sus armas a pie, bien alanceando desde un caballo íbero».

La mayor parte de los legionarios son hispanos, pero también los hay que proceden de la Galia o de Italia. El único, que se sepa, oriundo de Tracia (actual península de los Balcanes) es marco Aurelio Víctor. También se han podido localizar dos armeros, encargados de guardar el arsenal del campamento, uno de los cuales nació en el norte de León o el sur de lo que hoy es Asturias. Todos los que tienen nombre griego u oriental, según Palao, eran con seguridad libertos o médicos. Cayo Ennio Felix es el único que se sabe que procedía de África. Al esclavo Agrippa se le conoce porque le dedicó una estela funeraria a su amo, el centurión Claudius Quintus. Sabinus, a su vez, era el esclavo de Aemilius Serenus. Sin duda, un personaje excepcional es Iulius Mansuetus, del que se sabe que fue actor en Cremona.

Esposas y concubinas. Casi la mitad de los civiles identificados con nombres y apellidos son mujeres. Oficialmente, concubinas; en la práctica, esposas de los militares. La ley era tan estricta que los legionarios tenían prohibido casarse, de ahí que el concubinato fuese un subterfugio para tener compañera antes de los 36 años. Postumia Marcella ha pasado a la posteridad gracias a la lápida que le dedicó a su «amantísimo marido» ( marito pientissimo ), Aureliuis Iulianus, soldado raso de la Legio VII que falleció en León en el siglo II a la edad de 35 años.

¿Vivió el emperador Trajano en León? Los historiadores no tienen pruebas. Son simples conjeturas. A ciencia cierta sólo se sabe que Marco Ulpio Trajano, nacido en Sevilla en el año 53, fue legado de la Legio VII entre los años 86 y 89, antes de alcanzar la dignidad de emperador del Imperio Romano. Sí está documentado que al frente de la Legio VII combatió en Germania. De haber residido en León habría vivido en un solar de la calle San Pelayo, contiguo a los Principia (el cuartel general); a unos cincuenta pasos de la Catedral, construida sobre unas gigantescas termas.

Tampoco existen indicios concluyentes de que el general Galba, que fundó de la Legio VII el 10 de junio del año 68, pasara por León antes de partir hacia Roma desde su cuartel general en Clunia para rebelarse contra el emperador Nerón.

Legado al igual que Trajano fue P. Cornelius Anullinus, de origen granadino, que mandó la Legio VII en la segunda mitad del siglo II. Aquí es prácticamente desconocido para la mayoría de los leoneses. Sin embargo, el Museo de Granada conserva una lápida en la que se detalla su cursus honorum (su carrera política), donde se da cuenta de que tuvo gran influencia, que transmitió a su hijo, quien también llegó a alcanzar las más altas magistraturas del Imperio. De Cornelius Anullinus se sabe también que fue íntimo amigo del emperador Septimius Severus.

De los tribuni i militum (los mandos superiores de la legión) que tuvo la Legio VII sólo se conoce la procedencia de L. Neratius Proculus, que era natural de Saepinum (en Italia).

Muertos lejos de casa. Palao destaca que, curiosamente, aunque en León la epigrafía de la Legio VII es escasa, por el contrario, hay más de setenta tumbas de soldados de este destacamento que fueron enterrados por todos los confines del Imperio Romano. No hay que olvidar que esta legión combatió en la denominada «Guerra de los cuatro emperadores», que concluyó con el triunfo de Vespasiano. La Legio VII sufrió entonces tantas bajas que se vio obligada a refundarse. Es entonces cuando adquiere el «apellido» de Gemina -”por gemelos, al proceder los efectivos de otros destacamentos-”. También se han encontrado lápidas de soldados de la Legio VII en Panonia (actual Hungría) y Germania (Alemania), así como en Britania y el norte de África.

Es de esperar que las lápidas halladas en la muralla aporten nuevas identidades a la nómina de los primeros moradores de la que hoy es León…