Nuño Domínguez www.elpais.com 20/07/2015

Una herida de lanza en un cadáver del siglo IV a.C. permite identificar el cadáver de Filipo II, rey de Macedonia

Filipo II, el rey guerrero que unificó Macedonia y fue padre de Alejandro Magno, está en la tumba equivocada. Así lo mantiene un nuevo estudio de tres esqueletos hallados en una sepultura que no se atribuía al monarca. Su edad al morir y sus heridas de guerra muestran ahora que se trata del rey macedonio.

A finales de la década de 1970 se descubrió en Vergina, al norte de Grecia, un complejo funerario con tres sepulcros. El primero había sido saqueado en la antigüedad y apenas contenía los restos de un hombre, una mujer y un niño. También había un espectacular fresco del rapto de Perséfone. La segunda sí parecía digna de un rey por la elegante fachada clásica, la rica armadura y los dos sarcófagos de oro hallados dentro. En uno de ellos se encontraron las cenizas de un hombre que se identificó rápidamente con el rey Filipo II. A Filipo le mataron el día de la boda de su hija, posiblemente por orden de su mujer Olimpia, en el 336 antes de Cristo. Alejandro tenía 20 años. Después de su coronación como nuevo rey, se lanzó a la conquista de casi todo el mundo conocido por los antiguos griegos a lomos de Bucéfalo, el caballo indomable que su padre le había regalado diciéndole que se buscase otro reino, pues Macedonia se le quedaba pequeño.

Tras reconstruir los restos de los tres cadáveres de la tumba 1 de Vergina, el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca, no tiene dudas de haber identificado el verdadero cadáver del monarca por dos razones. La primera, que las edades cuadran casi a la perfección. Los restos del hombre muestran que era muy alto para los estándares de la época, 1,80 metros, y que murió en la cuarentena. Muchas fuentes históricas señalan que Filipo murió a los 46 o 47 años. La mujer tiene unos 18 años, una edad muy parecida a la de Cleopatra, la otra mujer de Filipo (los reyes macedonios eran polígamos). El niño es apenas un recién nacido, lo que le identifica como el hijo de ambos y hermanastro de Alejandro, según el estudio.

Una herida histórica

“Solo esto ya sería suficiente para mantener lo que decimos, pero hay más”, explicaba ayer Arsuaga. El cadáver del hombre muestra una herida muy visible en la pierna izquierda que encaja con lo que contaron historiadores como Justino, Demóstenes o Plutarco. En el año 339 a. C. Filipo regresaba a casa después de varios años de guerra contra los escitas con un suculento botín de guerra. A su paso por Tracia fue retenido por una tribu que le reclamó parte de las riquezas para dejarle pasar. El rey se negó airado y en la batalla que siguió recibió un lanzazo tan violento que atravesó su pierna y mató a su caballo. El hombre de la tumba 1 tiene un visible agujero en su rodilla izquierda que da fe de una herida que cicatrizó fraguando los huesos del fémur y la tibia, dejando una pierna rígida. “Era cojo total, sin solución”, resume Arsuaga. En la base del cráneo, añade el investigador, hay lesiones de tortícolis, probablemente causadas por el renqueante caminar del rey en sus últimos años. Según las fuentes históricas, es bien sabido que Filipo II era cojo de una pierna, sin especificar cuál.

Los resultados del análisis, publicados hoy en PNAS, pueden reescribir la historia. Desde 1996, el conjunto funerario de Vergina es patrimonio de la Humanidad de la Unesco, en parte por contener la supuesta tumba de Filipo II. El único detalle es que todos estos años se ha estado mostrando a los turistas la tumba equivocada. En la número 2, propone el equipo de Arsuaga, se encuentra en realidad Filipo III, hijo de Filipo II y hermanastro de Alejandro. Según el estudio, que también firma Antonis Bartsiokas, de la Universidad Demócrito de Tracia y otros tres expertos españoles, parte de la armadura hallada aquí puede pertenecer a Alejandro Magno. En la tumba 3 yace Alejandro, IV, hijo de Alejandro. Su padre había muerto en un palacio de Babilonia (hoy Irak), en el 323 a. C., por causas poco claras. Su tumba aún no se ha encontrado.

El estudio aviva una polémica de décadas. Theodore Antikas, jefe de antropología de las excavaciones de Vergina, no está de acuerdo con los resultados del equipo de Arsuaga. El trabajo, dice, “se basa en pruebas insuficientes y está lejos de resolver el problema”, ha escrito el experto de la Universidad Aristóteles en una carta remitida a PNAS y a la que ha tenido acceso Materia. En esa misiva Antikas desvela un giro inesperado a esta historia. Se trata de la existencia de dos cajas de madera llenas de huesos encontrados en la Tumba 1 en 1977. Fueron almacenadas en el Museo de Vergina y “nadie reparó en ellas” hasta ahora. Sus análisis indican que en la tumba 1 había no tres, sino siete individuos, incluidos un adolescente, tres bebés y un feto sin identificar. Podría tratarse de restos de saqueadores o de cadáveres desechados, algo ya visto en otras tumbas macedonias, apunta. Además, dice Antikas, su equipo espera permiso para realizar análisis de ADN sin los que “cualquier asunción sobre las identidades de los muertos es prematura y poco fiable”. Por ahora, ninguno de estos datos ha sido debidamente publicado.

Guerrero hasta la muerte

El historiador de la Universidad de Oxford Robin Lane Fox, experto en este periodo y defensor de la teoría de la Tumba 2, resalta sus dudas sobre el hallazgo. Para empezar “un agujero en una rodilla no va a probar nada, pues muchos otros podrían tenerlo en un mundo de guerreros”, explica en un correo electrónico. Por otro lado, pregunta, ¿cómo se explica que en la tumba de un rey guerrero no haya ni un arma de hierro, del tipo que "los saqueadores no se habrían molestado de robar?”. Un tercer problema, ya clásico, es por qué los restos de la tumba 1 no están incinerados, una cuestión clave, según Lane Fox. El equipo de Arsuaga aduce que no siempre se cremaba a los personajes ilustres, sobre todo en la Macedonia previa a Alejandro Magno.

Maria Liston, una antropóloga experta en rituales funerarios en Grecia, no tiene apenas dudas de que estos son los restos de Filipo II. También resalta que las heridas que presenta el cadáver no parecen las de cualquier guerrero. Tras analizar en detalle el trabajo, resalta que “la pierna tuvo que ser inmovilizada porque el dolor debió ser horrible”, explica. Se hizo de forma muy cuidadosa y pensada”, resalta. “El ángulo en el que fraguó el hueso permitió al paciente andar de puntillas con esa pierna, y, más importante, poder siguiendo montar a caballo, algo que debió hacer Filipo para mantener su estatus de guerrero”. Liston cree que los autores “tienen un argumento muy convincente de que este es el esqueleto de Filipo II” y que el hombre en la tumba 2 es realmente su hijo Filipo III.