Roma EFE 04/03/2008

Roma recuerda los triunfos militares de su Imperio con una muestra en el Coliseo en la que se exhiben un centenar de obras, entre relieves, esculturas y bronces, que testimonian las entradas a la ciudad de sus generales victoriosos.

La exposición, que permanecerá abierta entre el 5 de marzo y el 14 de septiembre de 2008, difunde así un aspecto central de la vida cultural y política del Imperio Romano que ha llegado a nuestros días distorsionado debido, en muchas ocasiones, al cine.

Así, los responsables de la muestra desmintieron hoy, durante la presentación de la misma, algunas de las imágenes que el mundo del celuloide ha dado sobre el regreso a Roma de sus héroes militares acompañados de grandes cortejos.

Estos expertos explicaron que la anchura de los arcos que daban entrada a la ciudad no permitían el paso de un gran número de personas a un mismo tiempo por lo que, en las procesiones para festejar a sus héroes, la gente se veía obligada a distribuirse a lo largo y no a lo ancho.

Una pompa triunfal era el mayor honor al que podía aspirar un militar de alto rango a su regreso de una gran batalla y era concedido a través de una votación en el Senado.

Para poder obtener este reconocimiento era necesario que la contienda no fuera una guerra civil, que el ejército romano no hubiera registrado numerosas pérdidas y que éste, a su vez, hubiera acabado con la vida de más de 5.000 enemigos.

La procesión constaba de varias etapas, una primera de purificación a las afueras de Roma, seguida por un recorrido a través de diferentes puntos de la ciudad como, por ejemplo, el Circo Flaminio, donde el Senado esperaba al triunfador.

El cortejo finalizaba su vuelta triunfal en el templo de Júpiter Capitolino, en el que se ofrecía un sacrificio de animales para festejar la victoria y, posteriormente, celebrar un banquete.

Cada uno de estos festejos superaba al anterior, así la procesión de Escipión el Africano fue superada por la de Pompeo, que, a su vez, fue mejorada por César, llegando éstas a su máximo esplendor con Octaviano, vencedor de Cleopatra.

Una figura muy importante durante esta celebración, y que se reproduce en uno de los relieves de la muestra, era la del ‘servus publicus’, un siervo que acompañaba al vencedor y que sostenía sobre su cabeza una corona de oro, símbolo de su deidad, pero que al mismo tiempo le recordaba su condición humana.

El concepto del triunfo es el eje central de esta muestra que reúne además relieves sobre las procesiones fúnebres y circenses. Las primeras se refieren al cortejo que acompañaba al difunto en el sepulcro y servían a las familias aristocráticas para exhibir la dignidad del propio rango, mientras que las segundas precedían a la inauguración de los juegos en el circo.

La exposición también reserva un espacio a las imágenes de los vencedores y de los vencidos. Así pueden contemplarse algunos de los rostros de los grandes triunfadores romanos e imágenes conmemorativas de los generales con el uniforme militar, junto a figuras de los enemigos vencidos tras ser sometidos.

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Roma recuerda sus «Triunfos», el uso político de los grandes desfiles