Manuel Hidalgo www.elmundo.es 08/12/2017

El helenista Carlos García Gual (Diccionario de mitos) acaba de ser elegido nuevo miembro de la RAE. A la inglesa Mary Beard (SPQR), especialista en estudios clásicos, le dieron en 2016 el Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. ¿Son causas o efectos?, ¿síntomas o meras coincidencias? Lo cierto es que hay pasión –boom, fenómeno, moda- por el mundo grecolatino. ¿Más que nunca?

Se editan a mansalva novelas históricas, biografías y ensayos sobre la época y sus personajes, se publican colecciones enteras de monografías sobre el particular, el turista cultural no se priva de viajar a Roma y Atenas (y a más sitios), se visitan en España villas y ruinas, se reponen las obras teatrales de los trágicos y de los comediógrafos griegos (más) y romanos (menos), se hacen exposiciones y se visitan museos con piezas de la Antigüedad, se llenan los proliferantes cursos que diversas instituciones dedican al universo clásico. Seguro que me dejo algo.

Y todo este fenómeno tiene sus paradojas y sus contradicciones. Pocos leen -por falta de formación- directamente las obras de los pensadores y de los escritores del período. Se opta por los intermediarios, por la divulgación. No parece que haya tortas para matricularse en Filología Clásica y en Historia Antigua en las universidades. Y, sobre todo, nuestras eximias autoridades educativas están dejando el estudio del latín y del griego y de los filósofos que escribieron en esas lenguas en la casi nada más absoluta.

¿Será por eso? ¿Será esta afición apasionada una reacción a la carencia de formación y de información en las aulas escolares? ¿Será un ejercicio de nostalgia por parte de quienes, más veteranos, supieron de todo esto en los planes de enseñanza de antes y desean retomar lo que se les ha vuelto borroso?

No sé. ¿Desató toda esta ansia, en el 2000, el éxito mundial de Gladiator? La explicación parece pobre, pero cualquiera sabe. Lo que nunca se puede olvidar es que el cine siempre ha sido un gran generador de gustos, tendencias e intereses.

Y, además, se ha extendido un tópico imbatible: todo estaba ya, todo se inventó en la Atenas y en la Roma clásicas. Eso lo dice cualquiera. Y sí, pero no. Es una afirmación muy inexacta. Tan inexacta como la idealización de la vida y la cultura en la Antigüedad, que sólo disfrutaban y producían las élites, los ricos y los poderosos, mientras el común de los mortales llevaba y vivía una vida perra, corta e ignorante.

FUENTE: www.elmundo.es/opinion/2017/12/08/5a2973cae5fdead91a8b4702.html