Del derecho romano al idioma, de los acueductos a los teatros: la romanización dejó una huella profunda en el paisaje, la cultura y la identidad hispana.
Angelo Attanasio www.historianationalgeographic.com.es 25/03/2025
¿Qué llevó al Imperio romano a conquistar Hispania y qué transformaciones dejó su dominio en la península? Pedro Ángel Fernández Vega, profesor de Patrimonio Histórico-Artístico y de Arte Antiguo y Clásico en la UNED y doctor en Historia Antigua por la Universidad de Cantabria, nos guía por los entresijos de un proceso histórico que fue mucho más que una expansión militar: fue una transformación profunda del territorio, la cultura y la sociedad.
Desde la explotación minera hasta el legado jurídico, desde los emperadores nacidos en suelo hispano hasta la persistencia del idioma, Fernández Vega, que acaba de publicar “Historia de Roma. Orígenes”, para Arpa Ediciones –el primer volumen de una ambiciosa y detallada historia de Roma, compuesta por cuatro libros– traza un recorrido fascinante por los siglos de romanización. Una mirada reveladora a cómo Roma no solo conquistó Hispania, sino que la convirtió en parte esencial de su identidad imperial.
Historia National Geographic: ¿Qué motivó a Roma a conquistar Hispania? ¿Por qué tardaron tanto en lograrlo?
Pedro Ángel Fernández Vega: Todo se aceleró en el año 219 a.C., cuando Aníbal asedió y tomó Sagunto, aliada de Roma, antes de partir desde Hispania y cruzar los Pirineos y los Alpes rumbo a Italia. Sin embargo, más allá de ese detonante, había un trasfondo estratégico evidente: tanto cartagineses como romanos tenían puestos los ojos en los enormes recursos económicos de la península. De hecho, los cartagineses dependieron de esas riquezas para pagar las indemnizaciones de guerra impuestas por Roma tras la Primera Guerra Púnica. Roma pronto comprendió el enorme potencial de Iberia.
La conquista, sin embargo, fue lenta y gradual: se extendió desde el 218 hasta el 19 a.C. Hispania no era un estado unificado, sino un mosaico de pueblos y etnias que ofrecieron una resistencia constante. Tras la derrota de Aníbal, Roma comenzó a consolidar su dominio en el Mediterráneo, con múltiples frentes abiertos. Hispania no era su única prioridad ni un objetivo urgente. Por eso, la conquista de la Península fue un proceso gradual que se prolongó durante dos siglos.
Historia National Geographic: ¿Por qué fue Hispania una provincia tan codiciada? ¿Se trataba de una cuestión estratégica, económica o simbólica? ¿Qué recursos ofrecía y por qué eran tan valiosos para Roma?
Pedro Ángel Fernández Vega: Hispania era codiciada por todo a la vez. Sus recursos eran tan diversos como abundantes. Según Plinio, solo las minas de Cástulo (Jaén) generaban más de cien kilos de plata al día para Aníbal. En las fértiles tierras de la Bética —Turdetania—, entre el Algarve, Sierra Morena y el valle del Guadalquivir, fluían metales como plata, oro y cobre, además de trigo, vino y aceite de una calidad y cantidad excepcionales, según relata Estrabón.
Esa riqueza había atraído antes a fenicios (desde el año 800 a.C.), luego a cartagineses (a partir del siglo VI a.C. y de forma definitiva en 237 a.C.) y finalmente a los romanos, desde el 218 a.C. La legendaria Tarteso, con fama de riqueza desbordante, ya había florecido allí. Tras conquistar la rica Cartagena, Escipión Africano desarrolló allí una campaña clave en 208 a.C., pero aquello fue solo el comienzo. La maquinaria de guerra romana se sostenía con botines y esclavos, a los que seguía la explotación sistemática del territorio, como demuestra la imponente minería del oro en Las Médulas (León) en el siglo I.
Además del valor económico y militar, el simbolismo también jugó un papel clave. Escipión Emiliano utilizó esa dimensión al conquistar Numancia, y Augusto hizo lo mismo al proclamar, en el año 26 a.C., que había culminado la conquista de Hispania, integrándolo todo en una propaganda imperial que lo presentaba como el artífice de la pax tras siglos de conflictos.
Historia National Geographic: ¿Cómo se organizó Hispania dentro del sistema administrativo del Imperio romano? ¿Qué diferencias había entre las distintas regiones hispanas?
Pedro Ángel Fernández Vega: Roma organizó Hispania dividiéndola en provincias, una estructura que fue evolucionando con el tiempo. Al principio se establecieron dos: la Hispania Citerior y la Ulterior. Tras completarse la conquista, alrededor del año 16 a.C., pasaron a ser tres. Una de ellas, la Bética, fue considerada provincia pública o senatorial, lo que reflejaba su pacificación, su alto grado de romanización, urbanización y la integración de sus élites en los círculos de poder de Roma.
Las otras dos, la Lusitania y la nueva Citerior, quedaron bajo control directo del emperador. En esta última, que abarcaba el norte y el este peninsular, se mantuvo durante décadas una fuerte presencia militar con tres legiones acantonadas, lo que refleja un dominio más vigilado sobre las regiones recientemente conquistadas. Ya en el siglo IV, la Citerior —que era la más extensa del Imperio— fue subdividida en tres nuevas provincias: Gallaecia, Tarraconense y Cartaginense, como parte de una reorganización administrativa más amplia.
Historia National Geographic: ¿Qué huellas visibles dejó la romanización en Hispania? ¿Qué elementos culturales, urbanos o sociales se implantaron y perduran hoy en día?
Pedro Ángel Fernández Vega: La huella más profunda fue, sin duda, la latinización del territorio, junto con la implantación del derecho romano, que está en el origen del sistema jurídico actual. Pero también fueron fundamentales las infraestructuras: una extensa red de calzadas, puentes, acueductos y sistemas de alcantarillado transformaron por completo el paisaje y la vida urbana.
La romanización impulsó un proceso de urbanización intenso, aunque con distinta penetración según las regiones: más profunda en el sur y el este, y más limitada en el norte peninsular. La arquitectura reflejaba los códigos del poder político y religioso del Imperio, y los cambios se extendieron a las viviendas, los objetos de uso cotidiano y los hábitos de vida. De hecho, muchos aspectos de aquella calidad de vida —en higiene, infraestructura y organización— no se han recuperado plenamente hasta tiempos muy recientes, apenas desde el siglo pasado.
Historia National Geographic: Hispania fue también cuna de importantes emperadores romanos, como Trajano o Adriano. ¿Qué significado tuvo esto para la integración de la provincia en el Imperio?
Pedro Ángel Fernández Vega: La integración de los hispanos en los círculos de poder económico, político, social y cultural de Roma fue evidente ya desde el siglo I. A la muerte del emperador Domiciano, en el año 96, dos generales de origen hispano —Cornelio Nigrino y Marco Ulpio Trajano— se disputaron la sucesión. Finalmente, tras el breve mandato de Nerva (96–98), Trajano accedió al trono y dio inicio a una dinastía de origen hispano.
Aunque su procedencia era provincial, tanto Trajano como su sucesor Adriano pertenecían a la nobleza romana y contaban con sólidas alianzas entre los senadores más influyentes. Eran, por tanto, plenamente ciudadanos romanos. Su ascenso al poder simboliza hasta qué punto Hispania se había integrado en el corazón del Imperio.
Historia National Geographic: ¿Qué aportaron los hispanorromanos al Imperio en términos culturales, intelectuales o militares?
Pedro Ángel Fernández Vega: Las contribuciones culturales e intelectuales de los hispanorromanos al Imperio fueron notables. Basta con recordar a figuras como los Séneca —el filósofo y el retórico—, al poeta épico Lucano, al agrónomo Columela, al maestro de la oratoria Quintiliano o al mordaz poeta Marcial, conocido por sus sátiras sobre la sociedad romana.
El hecho de que todas sus obras, escritas en el siglo I, se hayan conservado y hayan sido copiadas y transmitidas por los monjes medievales es una muestra clara de su valor e influencia. Todos ellos forman parte del canon literario del mundo antiguo y su legado sigue siendo esencial en la cultura clásica.
Historia National Geographic: ¿Cuál es el legado más profundo de Roma en Hispania y cómo sigue influyendo en la identidad y el paisaje de España hoy?
Pedro Ángel Fernández Vega: El legado más visible y tangible de Roma está en el paisaje: puentes, templos, teatros, anfiteatros y acueductos que todavía hoy marcan el territorio. Pero el legado más profundo e indeleble es el intangible: la lengua y el derecho romano, pilares esenciales de la cultura hispana.
Más allá de eso, hay una herencia difícil de medir, pero quizá aún más influyente: ciertos rasgos de nuestra idiosincrasia. ¿Es la siesta, el goce vital, el clientelismo o incluso ciertas formas de corrupción una herencia romana o rasgos propios de los pueblos mediterráneos? No es fácil distinguir dónde acaba la historia y empieza la interpretación sesgada del presente. Pero sin duda, Roma dejó una huella que sigue latiendo en nuestra forma de ser y de vivir.