La Xunta está dispuesta a aceptar titulados de Latín y Griego sin máster de profesorado porque escasean los docentes en la especialidad – De la facultad de Filología Clásica, en Santiago, salen en torno a una decena de egresados por curso, pero este año arranca con 35 anotados

Carmen Villar www.farodevigo.es 01/02/2026

“No son lenguas muertas, sino lenguas inmortales”. Con ese taxativo argumento defiende Teresa Amado, coordinadora de la única titulación de Filología Clásica en Galicia, que se imparte en Santiago, la perennidad de dos idiomas, el latín y el griego, que ostentan la paternidad, o la maternidad, de buena parte de las palabras que hoy en día utilizamos. De hecho, construir estas primeras oraciones en castellano habría sido imposible sin la herencia de palabras como linguadefendereargumentum taxatus, por citar solo algunos ejemplos, y en gallego habría sucedido lo mismo. Esa vigencia, no obstante, es a veces cuestionada en una sociedad en la que prima lo tecnológico y lo inmediato y los efectos colaterales de ese pensamiento llegan a los institutos, donde comienza a notarse la escasez de profesorado formado en esas disciplinas.

Hace unos días, un puñado de jubilaciones obligaban a la Consellería de Educación a abrir una nueva lista de interinidades y sustitutos de Latín y Griego que incluía una excepción: podían anotarse titulados sin formación pedagógica y didáctica, la que viene dada por el máster de profesorado de secundaria. Las plazas de este posgrado escasean, aunque ahora la UNED las ha aumentado gracias a un acuerdo con la Xunta.

Orígenes de una carencia

¿Por qué ese déficit de docentes para institutos? Buscamos la respuesta allí donde “manufacturan”, como artesanos, a los futuros titulados de Filología Clásica. Teresa Amado alude a posibles factores que, a su juicio, explican la deriva. Por un lado, la salida “natural” de la carrera, que era la docencia en enseñanzas secundarias, se ha visto coartada porque pasaron “muchos” años sin que se convocasen plazas de estas especialidades en las oposiciones. Más de 20 en el caso de Griego. “Eso desmotiva mucho a los alumnos”, alega, y desvía potencial alumnado a grados como Galego, Inglés o Hispánicas.

Con todo, desde la facultad se empeñaron en promover actividades de animación y las cifras mejoraron porque en otras comunidades sí se lanzaron convocatorias de empleo a las que podían optar los gallegos. Pero eso, en la práctica, significa exportar talento. “Es una de las causas por las que carecemos de titulados aquí”, advierte.

La política de algunos institutos tampoco ayuda. Amado habla de una cuestión “estructural” para referirse a que el Bachillerato diseñado por la legislación, con “tantos itinerarios y ramificaciones”, es difícil de materializar en una comunidad de núcleos pequeños y dispersos. “En muchos casos hay 200 alumnos en los institutos. Así, ¿cómo vamos a poner ocho optativas? La estructura es imposible y caen las marginales”, censura.

Cuando utiliza “marginales”, la coordinadora de Filoloxía Clásica lo dice con conocimiento de causa: “Voy mucho por los institutos y sé que hay alumnado que llega a casa y dice que quiere hacer Historia Filosofía y sus padres se echan las manos a la cabeza; prefieren un abogado, aunque acaben en un trabajo que no requiere tanta cualificación porque no hay manera de absorber a todos los titulados”. Sin embargo, no se acaba ahí esa discriminación: hay centros que la promueven. “Les dicen que no se inscriban en el Bachillerato de Humanidades porque no va a haber gente. Eso está pasando”, aduce.

El contexto actual

Los tiempos que corren no ayudan. “Es una tendencia general del mundo, que va a cuestiones de practicidad inmediata”, expone Amado, un factor que puede convertirse en un arma de doble filo: “De repente, personas con una especialidad muy concreta se quedan fuera porque todo cambia con mucha facilidad”. Frente a ello, opone la resiliencia del alumnado formado en sus aulas: “Hace dos años teníamos un alumno trabajando en una empresa de informática porque el lenguaje artificial se basa en el natural y los de Clásica conocemos muy bien cómo funciona porque estudiamos Latín y Griego y lenguas modernas y lingüística indoeuropea, que es lo que hay detrás de todas esas lenguas. Tenemos una formación muy versátil”, proclama.

En un mundo competitivo, las titulaciones se ven obligadas a pescar el alumnado como pueden. Desde la facultad de Filología Clásica realizan numerosas actividades de animación en los institutos. Sin embargo, Amado llama a no equivocarse: la cifra de egresados de la que informa el Ministerio de Universidades es muy inferior a la de quienes se matriculan en primero. Por el camino se quedan los que abandonan la carrera, un problema que no es exclusivo de las lenguas clásicas. “Hay gente que se matricula pensando que va a jugar a los gladiadores”, ironiza. En cambio, hay que estudiar la lengua, que es “difícil”, lo que “desmotiva” a los que no vienen con mucha vocación o caen en la facultad de rebote. Sin mencionar, señala, que no todo el mundo tiene por qué que ir a la universidad.

Con todo, los últimos tiempos son esperanzadores para la herencia grecorromana y Amado se felicita de que accede a la titulación un cupo de estudiantes “realmente vocacionales, gente muy trabajadora, muy interesada por el mundo clásico y con muy buenos expedientes”. Esa inclinación no surge de la nada: los docentes (todos los estudiantes mencionan un profesor o profesora que les insufló ese apego) y el entorno la estimulan. Ahora que Nolan ha adaptado para el cine “La Odisea”, ¿servirá el regreso de Ulises para atraer a más alumnado vocacional hasta la Ítaca de Clásica?

Lucía López

LUCÍA LÓPEZ, alumna de 1º de Filología Clásica: “Las ciencias nos llevarán lejos, dicen, pero ¿de qué sirve investigar si después no sabemos contarlo?”

La lucense Lucía López es del club de las entusiastas de 1º. El grado, dice, “es mucho mejor de lo que pensaba” y lo que pensaba era ya muy positivo, a pesar de que tuvo que escuchar cómo le advertían de que “la IA” le iba “a quitar el trabajo”. “Siempre fui de letras, me gustaban mucho. Tuve muy buenas profesoras que me transmitieron la pasión por el Latín y el Griego y lo tuve clarísimo”, explica.

A esa “pasión” conmina a remitirse al elegir carrera. “Si no te gusta lo que vas a hacer, da igual lo que hagas, porque no lo harás con gusto ni bien”, sostiene. Porque también la advirtieron sobre las salidas. Lucía quiere investigar, pero es “consciente de que lo más probable es que acabe en la docencia”. “No me desagrada. Disfrutaría dando clase de Latín y Griego, pasando mi conocimiento a los demás”, afirma.

Sobre la situación de Filología Clásica, razona: “Las ciencias nos van a llevar lejos, se dice, y es verdad, pero, ¿de qué me sirve investigar mucho si no sé transmitirlo a los demás? ¿Si no tengo oratoria, conocimientos previos, las bases? Creo que para poder avanzar también hay que mirar un poco hacia atrás y hay que tener en cuenta las filologías y la filosofía, hay que pensar, y no vas a pensar solo con las Matemáticas”. La “curiosidad por el mundo”, proclama, se manifiesta en todo tipo de perspectivas, científicas y humanísticas.

Antonio Docando

ANTONIO DOCANDO, alumno de 1º de Filología Clásica: “Conocer de dónde venimos es muy importante para saber qué haremos en el futuro”

El Arde Lucus crea vocaciones. Antonio Docando y Lucía López lo comentan bromeando, pero algo habrá porque también Antonio es lucense. El joven llegó a Filología Clásica “por pura vocación, por el interés en el mundo clásico, en la cultura clásica, en las lenguas, en la gramática”. El descubrimiento del Latín y de la mitología, en 4º de ESO, le reveló que el inglés, lo que al principio le atraía, no era lo suyo.

“Empiezas, como casi todo el mundo, introduciéndote en la cultura clásica y a partir de eso te interesas por la historia, por la forma de vivir que tenían, y al final eso es la base, de donde venimos. Conocer nuestra base es muy importante para saber qué haremos en el futuro“, proclama. Son culturas, insiste, de las que es posible aprender, no en vano en Grecia nació la filosofía, “la base del pensamiento racional”. “No se puede entender el pensamiento humano sin ver los clásicos”, asegura.

Si una profesora fue clave para inculcarle la pasión por ese fértil pasado, para él la docencia es una vocación. “Desde pequeño tuve ese espíritu, pero en Latín y Griego es siempre una pasión”, comenta, y siente pena de que falten docentes para impartir clase en los institutos cuando son los «artífices» de atraer nueva savia hacia unas lenguas que no están muertas.

Arturo Díaz.

ARTURO DÍAZ, alumno de 4º de Filología Clásico: “Pese a que parece que lo clásico está en declive, es profundamente relevante para la sociedad”

Arturo Díaz, que llegó desde Venezuela a A Coruña en 4º de la ESO y que también debe su pasión por la Filología Clásica a un profesor “muy bueno” que sembró en él el gusanillo por el Latín, quiere encaminar sus pasos hacia la investigación. “Me gustaría hacer el doctorado e intentar una carrera académica, aunque probablemente me tocará ser profesor”, cuenta.

No le incomodaría. “Me gusta la idea de transmitir estos conocimientos, que parece un poco que estén en declive cuando son importantísimos, profundamente relevantes para la sociedad”, explica. De entrada, eso sí, preferiría hacerlo en la facultad, formando “nuevas generaciones de filólogos clásicos”, porque así podría dedicarse también a la investigación, a “producir conocimiento en ese ámbito”.

Díaz cuestiona que existan carreras que “se vendan como una vía más segura de generar dinero” y que “pareciera” que las opciones de Humanidades sean algo “inútil”, lo que ve un prejuicio. Frente a ello, defiende que se trata de una “herencia antiquísima que hay que valorar y que tiene mucha influencia en todo”. “Las Humanidades suponen el cultivo del espíritu y, en ese sentido, pienso que las Artes y las Humanidades tienen un profundo valor práctico, sobre cómo enfrentarse a la vida, incluso a los problemas éticos, que son igual de importantes que otros problemas prácticos”, argumenta este alumno de último curso.

Marcos Dieste.

MARCOS DIESTE, estudiante de doctorado de Filología Clásica: “Es bastante cansino tener que reivindicar y defender siempre por qué hacemos esto”

“Porque quiero”. Marcos Dieste, de Vilagarcía de Arousa, reivindica así el estudio de las lenguas clásicas tras opinar que “es bastante cansino tener que reivindicar y defender siempre el porqué de hacer esto”. “Las Humanidades son una rama de conocimiento más, como otra. Siempre estuvieron ahí y ya está, pero parece que ese discurso no es suficiente y que siempre haya que argumentar”, afirma.

Este joven está doctorándose y encarna el deseo de varios de sus compañeros de una carrera investigadora. Como ellos, en su apego por el mundo clásico pesan los buenos docentes en el instituto, en particular una de Griego. “Me sirvió para descubrir en la traducción un puzle formado por elementos objetivos, pero también por una interpretación del texto que tiene que ver con la cultura clásica y al final estamos metidos en ámbitos de filosofía, de mitología… todo influye”, explica. En la traducción vio una entrada a “un mundo por explorar” en el que no se arrepiente de haberse “aventurado”. “En una situación de declive o de que se va perdiendo mucho de una cultura gigantesca, nadie te desanima; todo lo contrario”, cuenta.

Respecto a la falta de profesores en secundaria, ya ha vivido la experiencia de opositar y censura que, además de la nota, no se tenga en cuenta el interés del candidato o que no pueda dedicarse en exclusiva a preparar el examen.

Teresa Amado.

TERESA AMADO, coordinadora del título de Filología Clásica: “Sería absurdo ponerse a tachar todo lo que la sociedad no considera útil

Teresa Amado, responsable de coordinar el grado de Filología Clásica en la Universidade de Santiago, comparte con su alumnado el cansancio de estar “continuamente dando explicaciones de por qué hemos elegido esto o para qué sirve” y de que incluso los orientadores de institutos contribuyan a esa situación. En la conversación salen a relucir alumnos que informan de las “caras de susto” que ponen cuando les dicen que quieren estudiar lenguas clásicas y que incluso intentan inclinarlos hacia otras opciones cuando no lo tienen muy claro. Existe una «presión social».

En especial, Amado cuestiona cómo se entiende el concepto de utilidad. “Si empezamos a tachar todo lo que la sociedad no considera útil… Empecemos: Filosofía, ¿para qué sirve? Historia, ¿para qué? Literatura, ¿para qué? Hay quien dice que no puede perder el tiempo leyendo “La Odisea”, pero, en cambio, sí con un videojuego. Es un absurdo”, sostiene. Sobre todo porque las Humanidades, en general, “valen la pena”. “Son algo que nos hace humanos”, proclama.

Es clave, tal y como demuestran las experiencias relatadas por el alumnado de la carrera, el contar con docentes que contagien su entusiasmo por el mundo grecorromano. Ahí tiene un papel relevante la Administración. “Falta un poco de planificación porque si se tardan 20 años en sacar una convocatoria de Latín o de Griego, la gente se busca la vida en otro lado, y si está de interino en otra materia, en Historia o lo que sea, haciendo algo totalmente diferente, no tiene tiempo de estudiar. En cambio, si hay una previsión de que todos los años salen plazas, la gente se empeña en eso”, explica.

En lo que se refiere a qué ocurre en los institutos, Amado no vería mal la Cultura clásica como materia obligatoria. Ahora es optativa y, aunque es de oferta obligatoria para los estudiantes, denuncia que hay institutos en los que estos llegan a matricularse y les advierten que “no va a haber grupo” por falta de gente y sugieren que elijan Francés, la alternativa. Eso, dice, “discrimina” a los alumnos que quieren hacer Humanidades, sobre todo en lugares con menos población. “Esos trucos son los que nos están marginando”, reprocha. “Cada vez que nos avisan de un caso de esos, carta al director”. Lo que sería ideal, a su juicio, es que el alumnado de enseñanza media recibiese una formación “integral, humanística y científica”.

FUENTE: www.farodevigo.es