Historia

La guerra de Yugurta (I): el peor amigo de Roma

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E. J. Rodríguez 06/2016 www.jotdown.es

Escribió Pascal que de haber tenido la reina Cleopatra una nariz distinta, la faz del mundo hubiese cambiado para siempre, porque la legendaria belleza de la reina de Egipto se interpuso en los planes de los líderes romanos, envalentonados por su superioridad militar pero subyugados cuando se encontraban con ella. Así, la más famosa nariz de todos los tiempos se convirtió en el emblema del personalismo en el análisis de la historia; los cronistas antiguos tendían a pensar que un único individuo podía desviar el curso de las cosas tanto como la conjunción de otros muchos factores, por lo que concebían la historia como un tejido de nombres propios. Hoy creemos más bien que para llegar al momento en que un único individuo marque la diferencia, antes han debido producirse muchos otros acontecimientos. Los historiadores modernos juegan con un sinnúmero de circunstancias, estudiando desde la economía y el clima hasta los sistemas culturales y religiosos. Pero nada de esto, en el fondo, desmiente a Pascal. Cleopatra pudo hacer uso de su atractivo, por qué no; quizá unido a su astucia influyó sobre la política romana.

Hubo otro rey africano que, varias décadas antes que Cleopatra, marcó su nombre a fuego en la memoria de Roma. Generaciones enteras lo recordarían como el demonio africano que contribuyó a acelerar el declive de la República, sistema político que había perdurado durante siglos. Yugurta (en latín Iugurta, y por lo general llamado Jugurta en la versión española tradicional) fue el tercer rey de Numidia y una figura desconcertante, combinación de aliado y enemigo, que convirtió su reino en un Vietnam para los romanos.

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