Cuando Plauto fue a representar a Mérida

Antonio Cantudo 06/09/2020

¿Y si Plauto hubiera ido a Mérida a representar una obra y le hubieran pasado mil cosas? ¿Y si los actores se rebelaran porque no cobraban? ¿Y si el resultado hubiera sido un embrollo fenomenal, divertido y repleto de canciones como él solía hacerlo?

Pues todo esto y muchísimo más es La comedia de la cestita que esta pasada noche se ha representado en el Parque El Majuelo dentro del XII Sexi Firmum Iulium, el festival de teatro grecolatino de Almuñécar.

Imaginemos, por un momento, que en el estreno del teatro romano de Mérida al político de turno se le ocurre contratar a Plauto, el genial comediógrafo romano, para que estrene una de sus obras. El resultado de semejante enseñación surgió de la mente de Pilar G. Almansa y la resulta es un espectáculo hilarante, trufado de canciones a cual más divetida y respetando la estructura de las comedias plautinas: partes habladas, partes recitadas y partes cantadas.

Con un trabajo actoral estupendo, donde brillan todos por igual (es muy difícil destacar a uno solo porque el grupo destaca sobre las individuales) la obra nos pone en escena un presunto ensayo general donde se entremezcla la realidad y el texto de la obra, llegando a un momento donde es imposible distinguir uno de otro, lo que provoca la carcajada todo el tiempo.

Una dirección sobresaliente de Pepe Quero hace que descubramos lo que es una verdadera comedia "motoriae" donde nada y todo es lo que parece. Un placer para los sentidos y una experiencia enormemente satisfatoria.

Con este espectáculo se abre la duodécima edición del festival sexitano que en esta ocasión contiene dos espectáculos: el anteriormente citado y Cayo César, la tragedia que fue estrenada hace unas semanas en el Festival de Mérida.

Cayo César

Cayo Julio César Augusto Germánico acabó siendo bautizado como Calígula por las pequeñas sandalias que llevaba cuando acompañaba a su padre en las campañas militares de éste.

Una nueva vuelta de tuerca a un personaje fascinante. Unos lo consideraron un desequilibrado, otros, un genio. Para unos fue el máximo exponente del gobernante absoluto, para otros un hombre que llegó al poder demasiado joven y que no supo administrarlo. Amado y odiado. 

Con esos mimbres Agustín Muñoz construye una visión de un personaje enormemente atractivo y que es encarnado por Juan Carlos Tirado y acompañado por un excelente grupo de actores que nos harán vibrar esta noche en el auditorio del parque El Majuelo en la segunda y última noche del Sexi Firmum Iulium.

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