La vieja tragedia de Antígona se cuela en la nueva normalidad del teatro

Irene Arcos encarna a Antígona en el Festival de Mérida

[IMAGEN: Irene Arcos encarna a Antígona en el Festival de Mérida - ABC]

Julio Bravo abc.es  24/07/2020

Los Reyes asistieron a la inauguración del Festival de Mérida, que se abrió con una versión del texto de Sófocles

Antígona es una vieja conocida del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, al que se suele asomar muy a menudo desde que, en 1971, la pusiera en pie en la arena emeritense José Luis Alonso, con María Fernanda D’Ocón en el papel protagonista. No es extraño que la sexagésima edición de un certamen que dio a luz la legendaria actriz Margarita Xirgu en 1933 haya levantado el telón con una versión de la tragedia que escribió Sófocles en el siglo V a. C., y que algunos han calificado como «la más excelente de las tragedias».

El festival emeritense tiene este año, por la razón que todo el mundo conoce, un significado muy especial. Había en la jornada inaugural un lógico estado nervioso entre sus responsables, agravado por la presencia en la grada de Sus Majestades los Reyes, Don Felipe y Doña Letizia, acompañados por la Princesa de Asturias, Doña Leonor, y la Infanta Doña Sofía. «Levantar esta edición del festival –decía su director, Jesús Cimarro, horas antes de la inauguración– ha sido una heroicidad, y contar con el respaldo de la Jefatura de Estado es muy importante para nosotros: para el festival, para el teatro y para la cultura en general».

En el público se advertía también una excitación especial, la sensación de estar asistiendo a una función trascendente. Parte de los espectadores ejerció de forma ruidosa su derecho a la crítica al entrar en el recinto los Reyes en medio de una sonora ovación. Pero al encenderse las luces del escenario el teatro, Sófocles y Antígona, fueron los únicos protagonistas. La escasez de móviles encendidos durante la representación –alguna pantalla se mantuvo activa de manera persistente, eso sí– y el orden con el que atendieron los espectadores su desalojo al concluir el espectáculo –asistieron a la función aproximadamente 1.550 personas, ya que se abrió el 75 por ciento del aforo– muestra que el teatro merece la incorporación a esa «nueva normalidad» con todas las de la ley, y no con la condición de sospechoso que se le ha otorgado.

También para los actores fue una representación muy especial. Ya lo es cualquiera que se celebre en el sobrecogedor teatro romano –especialmente para quienes pisan por primera vez su arena–; pero lo fue por muchas otras razones. Por eso al final, envueltos por el cansancio y el sudor –Mérida brindó una de sus noches más calurosas–, trataban de contener el temblor al recibir el aplauso del público, que premiaba no solo su actuación sino el esfuerzo de haber llegado a la meta; algo que hace tan solo un par de meses se antojaba un horizonte imposible. «Quiero hacer un brindis –decía Fernando Cayo, intérprete de Creonte, minutos después de caer el telón–; este ha sido un acto de resiliencia». Y completaba la alegría Clara Sanchis, que encarna a Sabiduría: «El teatro debe ser, y hoy lo ha sido, una fiesta de la comunicación. He sentido al público muy cerca, a pesar de la distancia y de las mascarillas». Y eso que a las dificultades propias de un estreno y de las circunstancias que impone la situación sanitaria actual, los actores afrontaron esta primera función sin haber podido completar el ensayo general, debido a una poderosa tormenta que se vivió la noche anterior.

Pero Antígona pudo reencontrarse con el público de Mérida finalmente. En esta ocasión, el mito se ha presentado en una versión escrita y dirigida por el mexicano David Gaitán y coproducida por el festival, el Teatro Español –donde se presentará del 25 de marzo al 18 de abril de 2021– y El Desván Producciones. Irene Arcos (Antígona), Fernando Cayo (Creonte), Clara Sanchis (Sabiduría), Isabel Moreno (Ismene), Elías González (Guardia) y Jorge Mayor (Hemón) formaban el reparto de esta puesta en escena con vocación decididamente contemporánea. «El teatro –dice Gaitán– tiene la obligatoriedad de hablarle al espectador frente a sí, no basta con asumir que un tema se insertará en el momento sociopolítico solo porque en otras latitudes así lo hizo». Y añade, con respecto al hecho de montar la obra en la España de 2020: «La democracia representativa, la transición que las fuerzas políticas de oposición tienen que atravesar una vez que consiguen el objetivo de ocupar el poder, la desinformación como estrategia para incidir en procesos democráticos, la popularidad como disfraz para discursos de odio, son algunos de los temas que con ‘’Antígona’’ pueden abordarse en aras de dialogar elocuentemente con la sociedad española».

Tragedia descomunal

«Antígona» es una tragedia descomunal. En la historia de la mujer que, buscando al tiempo la dignidad y la justicia, quiere enterrar el cadáver de su hermano a riesgo de su propia vida, se encierran muchas reflexiones sobre el ser humano, sobre sus deseos, sobre sus ansias de poder, sobre la venganza. Y una de sus columnas vertebrales es la dignidad que exhiben tanto la protagonista como el antagonista, que defienden con tanta gallardía como convicción sus ideas contrarias. En la versión, primorosamente escrita aunque con exceso de frases rotundas que la convierten por momentos en algo pretenciosa, los personajes de Creonte y Antígona quedan algo diluídos. Aquel por su carácter en ocasiones bufonesco y ésta por cierta despreocupación. Las interpretaciones de Irene Arcos, ajustada y convincente y, sobre todo, de Fernando Cayo, poderosísimo y deslumbrante, sostienen los momentos más frágiles de un, por otro lado, magnífico espectáculo, que logra finalmente su objetivo:que Antígona, más de veinticinco siglos después, nos siga hablando con idéntica claridad a los espectadores del siglo XXI.

FUENTE:  https://www.abc.es/cultura/teatros/abci-vieja-tragedia-antigona-cuela-nueva-normalidad-teatro-202007240100_noticia.html

 

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