Por un puñado de sestercios

R.P.B. www.diariodeburgos.es 19/09/2010

Bandas organizadas y aficionados, todos armados con detectores de metales, frecuentan los principales yacimientos arqueológicos.

Los fines de semana llenan los maleteros de sus coches con todo lo necesario para la excursión campestre. Desconocemos si llevan almuerzo en un capazo, mantel y servilletas. Lo que no falta es toda la herramienta necesaria para que la jornada sea festiva en todos los sentidos: detector de metales, azadas, gps, antiguos mapas, planos topográficos… No buscan solaz en hermosos hayedos ni bucólicos rincones junto al río. Son cazatesoros, en su mayor parte aficionados aunque también los hay profesionales, pero que resultan una verdadera amenaza para el patrimonio. Su objetivo son los yacimientos arqueológicos. La ciudad romana de Clunia es uno de los principales y de los más amenazados; también la Peña Amaya; lo mismo sucede con la en apariencia invisible calzada romana que unía Italia e Hispania, que no es una cualquiera, sino la por la que se trasladaban cargamentos de oro procendentes de las minas leonesas de Las Médulas.

Aunque a menudo y por fortuna son exiguos sus botines, cuando suena la flauta -el detector- suele hacerse bingo. Monedas, muchas de la época romana (los conocidos sestercios), son un patrimonio con el que estos modernos zahoríes hacen caja en el mercado negro. Mucha caja, en algunos casos. Fuentes policiales consultadas aseguran que algunas piezas sustraídas en yacimientos de estas características, léase monedas, sellos o brazaletes pueden alcanzar valores millonarios. Tierra de alto valor patrimonial, Castilla y León es, junto con Levante, el principal objetivo de estos malhechores.

Suelen actuar estos piratas en grupo, por las noches o de madrugada; habitualmente no son oriundos de la zona, por lo que, cuando consiguen saquear el tesoro, ponen pies en polvorosa, perdiéndose para siempre su rastro en el caso de que, puesto que no es fácil, las autoridades consigan saber que se ha producido algún saqueo. Y siempre suelen trabajar por encargo, toda vez que se trata en la mayor parte de los casos de personas que forman parte de una red de tráfico de objetos patrimoniales. Estados Unidos es el país principal destinatario de este tipo de expolios.

Durante este año, y en el marco de un operativo especial, fue sorprendido e interceptado un fulano en las inmediaciones de la ciudad romana de Clunia en posesión de un detector de metales y al pie de unos cuantos hoyos que él mismo había excavado, según han informado fuentes de la Subdelegación del Gobierno. En el maletero de su vehículo fueron halladas varias monedas antiguas, que le fueron confiscadas. Cuando se producen casos como éste, el material es entregado al Museo de Burgos, cuyos especialistas en conservación determinan la antigüedad y el valor de las piezas.

SOFISTICADOS DETECTORES
Los aparatos que emplean los saqueadores suelen ser muy sofisticados. Como recuerdan quienes tratan de evitar estos expolios, son herramientas que utilizan los propios arqueólogos en los yacimientos en los que se tiene la certeza de que existen restos. Esta corriente, importada del Reino Unido en los años 90, es la segunda causa que más daño hace a los yacimientos arqueológicos del país por detrás de las obras. Los más habituales son los llamados de baja frecuencia: se sustentan sobre el principio de la variación del campo magnético inducido por la presencia de metales y, además, la baja frecuencia permite una mayor onda, por lo que se obtiene información del tipo de metal del que se trata, así como del tamaño y la profundidad a la que se encuentra. También los hay de radiofrecuencia, que usan ondas de radio que disponen de dos antenas, una emisora y otra receptora muy útiles para localizar objetos a profundidades cercanas al metro.

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