El cerco de Escipión

Numancia (Soria) www.abc.es 03/02/2008

Numancia no se rindió a Roma, antes se inmoló: sus habitantes, tras el último y largo asedio de quince meses, al verse perdidos, la incendiaron y se suicidaron. Apenas 50 numantinos pudo uncir Publio Cornelio Escipión -al que llamaban «el Africano» por haber destruido Cartago- a su carro triunfal cuando celebró en Roma su victoria. A partir de entonces, prefirió llamarse «el Numantino».

Numancia había infligido 18 años de humillaciones al Imperio sin que las legiones hubieran logrado conquistarla. Tan furioso estaba el Senado tras el fracaso del Cayo Hostilio Mencino -a quien se abandonó desnudo ante la muralla, para que los numantinos hicieran con él lo que quisieran-, que encargó su conquista al mejor de sus generales: Escipión.

En la mejor tradición romana, por la que sus soldados temían más a sus mandos que al enemigo, Escipión puso en orden a unas tropas desmoralizadas que se habían acomodado a la situación y vivían en la molicie. Desechó la idea de asaltar la ciudad y decidió que la mejor manera de someterla era el asedio, cortando las comunicaciones con los pueblos vecinos para que no la aprovisionaran, hasta que el hambre y la sed la rindieran.

Para ello levantó siete campamentos, cuyo conjunto recibe hoy el nombre de «Cerco de Roma» o «Cerco de Escipión», que los amantes de la naturaleza y el senderismo frecuentan por su belleza y atractivo arqueológico.

El general romano dirigió el sitio desde Castillejo, en la margen izquierda del río Tera, algunos de cuyos restos se pueden reconocer. También se conservan vestigios de los cuarteles del campamento de Travesadas. El tercero se encontraba en dos castillos que Escipión levantó para cortar el curso del Duero. Sólo se conservan restos de uno, el castillo molino de Valdevortón.

Más se conserva del campamento de Peñarredonda, enclavado entre las lomas que se deslizan hacia el río Merdancho y las ruinas numantinas. Esta atalaya era estratégicamente muy importante, por lo que fue muy atacada por los numantinos, y estaba defendida por una gruesa muralla de cuatro metros de espesor, y aún se pueden identificar las vías praetoria, principalis y decumana que conducían a esas puertas.

También sobreviven restos del campamento de La Rasa, que defendía las alturas entre el río Duero y Peñarredonda; y del de Alto Real, meseta próxima a la muralla de Numancia que está bañada por el Duero. Por último, apenas quedan vestigios (algo de muralla y el vaciado de la puerta decumana) del mayor de todos, el de Dehesillas.

ENLACES:
El nuevo asedio de Numancia: http://www.abc.es/20080203/cultura-arqueologia/nuevo-asedio-numancia_200802030311.html

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