Tres yacimientos submarinos de la Costa granadina, en vías de protección

Granada www.diariogranadahoy.com 01/07/2007

Los visitantes del Museo Arqueológico de Granada pueden contemplar entre sus piezas una coraza de bronce de época púnica. Se conserva en un excelente estado y asemeja un cuerpo atlético. Es una de las mejores piezas halladas en la provincia y, probablemente, en Andalucía. Se encontró en el mar, en la Cueva del Jarro de Almuñécar.

Este enclave, junto a Cerro Gordo y el área entre éste último y el Cabo Sacratif, esconde yacimientos de gran valor cuyo futuro quiere proteger la Consejería de Cultura declarándolos zonas arqueológicas o de servidumbre subacuática.

El hallazgo de la coraza y de ánforas y restos cerámicos en la Cueva del Jarro es una prueba material de la existencia de un yacimiento, que está aún por explorar. La pieza de bronce procedía de una nave que naufragó y que probablemente llevaba un cargamento de armas, según Antonio Valiente Romero, asesor técnico del Departamento de Documentación del Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía. Los investigadores presuponen que en esa zona existen uno o varios pecios -fragmentos de naves hundidas-, griegos o fenicio-púnicos.

El hecho de que haya pruebas materiales que constatan la existencia de un yacimiento subacuático le permitirá ser declarada zona arqueológica, al igual que ocurrirá con Cerro Gordo. Además de estos dos puntos se tramitará la protección de un tercero, la zona entre Cerro Gordo y Cabo Sacratiff donde sólo se presupone la existencia de restos bajo el agua. En este caso la figura elegida por Cultura es la de servidumbre arqueológica.

Aunque es ahora cuando la polémica suscitada por el Odyssey -que se llevó, supuestamente sin permiso, medio millón de monedas de un naufragio en aguas españolas o de un buque español- pone todas las miradas en los tesoros que esconde el mar, la futura protección de los yacimientos de Granada, que representan sólo tres del centenar de Andalucía, es fruto de un largo trabajo del Centro de Arqueología Subacuática, que cumple diez años. Gran parte de su labor se ha centrado en elaborar una Carta Arqueológica.

"Para proteger y difundir el patrimonio primero es necesario conocerlo", destacó la directora del centro, Carmen García. Una vez aprobada la Carta se procederá a delimitar las zonas arqueológicas y de servidumbre. "Es el momento del despegue", dijo García, quien lamentó que solo de hable del trabajo de su equipo por el patrimonio subacuático expoliado por el Odyssey.

Tradicionalmente se ha asociado la arqueología subacuática con la recuperación de tesoros, pero es mucho más. "No es el objeto por el objeto", éste te proporciona una información histórica tan valiosa que su pérdida es "más alarmante" que la de cualquier pieza. Hasta los ochenta el material llegaba a veces a los museos con un escueto "de aguas de Granada". Una pieza no es nada sin esos datos.

Según el asesor técnico Antonio Valiente Romero, casi todos los datos sobre Granada proceden de una investigación de Belén Martínez Díez y Sergio Martínez titulada Prospecciones Arqueológicas Submarinas hasta Málaga y Granada. Con ese apoyo se han podido localizar los principales focos procedentes de naufragios, de zonas de fondeado o, simplemente, de material perdido durante la navegación.

Algunos puntos han sido bastante expoliados hasta los setenta, pero bajo las aguas de Granada hay un importante patrimonio, como lo pone de manifiesto la decena de hallazgos importantes, no sólo de época antigua, también de la moderna y la contemporánea.

Vinculado a la aparición de la coraza de bronce en la Cueva del Jarro se encontraron en unas prospecciones en la zona piezas púnicas, unas ánforas fabricadas en el norte de África en el siglo III antes de Cristo.

En otros puntos, como la Punta del Vapor, se halló un plato de barniz rojo también de la misma época; cerca de Almuñécar un barco arrastrero encontró dos ánforas con las marcas: Agricol y Pors; en la playa del Tesorillo se localizó material romano del siglo I; y en la Punta de la Mona se encontró tal concentración de anclas y cepos -el travesaño de las anclas romanas- que se determinó que fue una zona de fondeo.

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