El cementerio de León esconde una «ciudad» romana de más de dos mil habitantes

Cristina Fanjul | León www.diariodeleon.es 01/01/2007

Las excavaciones han sacado a la luz un gran número de materiales quirúrgicos y médicos. El «vicus» pudo crearse con militares que decidieron quedarse en la zona tras licenciarse.

La zona de Puente Castro donde se asienta el cementerio y la carretera que desemboca en él esconde un vicus (ciudad romana) que debió acoger -entre el siglo I y el III d.C- alrededor de dos mil habitantes. El camposanto ocuparía parte de este núcelo urbano, que afectaría a un total de cinco hectáreas.

Esta ciudad estaba situada en una de las zonas estratégicas para el imperio y debió de prolongar su vida a lo largo de dos siglos. Los arqueólogos consultados destacan que el vicus pudo crearse por la llegada a esta zona de militares de la Legio VII que, al licenciarse, decidieron quedarse en la zona y recibió con toda probabilidad el nombre de Ad Legionem VII Geminan, al encontrarse en una de las vías del Itinerario de Antonino.

A este lugar se accedería desde el campamento a través de lo que hoy es la superficie ocupada por la Lastra y habría sido un lugar estratégico en la ruta del conocido como Itinerario Antonino, a diferencia del campamento de la Legio VII, que se encontraría algo desviado de las vías mencionadas.

No obstante, otra de las teorías defiende la posibilidad de que este yacimiento es en realidad parte de la cannaba del campamento, que se encontraría a tres millas de la Legio VII.

Durante las excavaciones se descubrieron al menos cuatro viviendas, así como instrumental médico quirúrgico que demuestra que esta ciudad no fue simplemente un lugar de paso, sino que tuvo población especializada, lo que le concede un carácter de núcleo civil de importancia.

Este yacimiento se descubrió con motivo de las obras de la Ronda Sur, que sacaron a la luz una serie de estructuras orientadas de sureste a noreste. Se trata de estancias rectangulares, una de las cuales parece presentar una planta basilical, terminando esta hipotética nave central en un ábside de planta cuadrada.

En los niveles arcillosos, aparecen evidencias destacables. Es el caso de un gran número de elementos de material médico y quirúrgico, así como de terra sigillata, como platos o cuencos. En lo referente a las piezas decoradas, las documentadas son las típicas de la época altoimperial: frisos compuestos por círculos concéntricos, segmentados, dentados, etc, con motivos vegetales y zoomorfos, elementos humanos y bastoncillos. Los arqueólogos que realizaron la excavación ((José Carlos Álvares Ordás, Pablo Rodríguez González y Noemí Martínez Murciego) destacan el hecho de que, al no haberse encontrado decoración con guirnaldas, demostraría que las piezas corresponden al siglo II d.C.

Dentro de los materiales cerámicos que no se corresponden con la vajilla de mesa, se han encontrado numerosos fragmentos de cerámica de cocina, como ollas, jarras, ánforas y botellas.

Material quirúrgico

Mención aparte merece el hallazgo de un gran número de elementos médicos y quirúrgicos, tales como mangos de escalpelo, cinceles, losetas para preparar medicamentos, sondas, ventosas, agujas, pinzas, o flebótomos. Uno de los elementos más curiosos es el myzon o pinza para tumores. Este objeto demuestra que no sólo se realizaban operaciones de cirugía menor.

Contrariamente a lo que podría pensarse, la carrera médica en Roma tenía escasa consideración social, y la mayoría de los galenos que ejercieron en aquella época eran libertos de origen griego. En pleno campo de batalla, por poner un ejemplo, eran los propios soldados los que atendían a sus camaradas heridos.

Emilio Campomanes
La cannaba de León

Las excavaciones en el exterior de la muralla del campamento legionario han sido bastante infructuosas en lo que respecta al esclarecimiento de la cannaba. Tan solo han aparecido algunos edificios dispersos y a penas concentrados cerca de la muralla, puertas y vías de comunicación del campamento, pero siempre con muy escasa entidad.

La verdadera cannaba debe corresponder con el yacimiento que existe en Puente Castro, al otro lado del río Torío, no lejos de su confluencia con el Bernesga. Esta aglomeración recibió el nombre de «Ad Legionem», de lo que se desprende que no estaba situado al lado de las murallas, sino separado aunque próximo. Es decir, situado a unas 3 millas romanas del campamento legionario.

El núcleo aparece en los Itinerarios de época romana (Itinerario de Antonino) y entre las pocas fuentes históricas que aluden a su vida se puede mencionar algunas actas de los Concilios cristianos de los que se desprende que el obispo de Astorga representaba no solo a su ciudad, sino al vecino núcleo de «Ad Legionem» donde debía haber arraigado el cristianismo desde el siglo III.

No es una circunstancia tan extraña que la cannaba esté alejada del campamento. Ello se debe a que la autoridad militar hubiera reservado el espacio entorno al campamento para uso militar o hubiera restringido la construcción de edificios civiles.

También ocurre en otros campamentos de fuera y dentro de Hispania. Es el caso del campamento de una de las unidades auxiliares de la legio VII, hallado en la localidad coruñesa de Cidadela, que tal vez siguió el ejemplo de su unidad matriz a la hora de organizar el espacio al rededor de su propio recinto.

En el yacimiento de Puente Castro es posible ver en la fotografía aérea cómo es atravesado por la vía que partía de la puerta sur del recinto legionario. Esta vía era de índole secundario e iba a confluir con la vía procedente de Astorga que continuaba hacia la ciudad de Lancia y la Meseta.

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