Calzadas romanas

José Mª Galiana | Cartagena (Murcia) www.laverdad.es 23/12/2006

Cartago Nova: En el sureste destacaban cuatro grandes vías: Elche / Cartago, Cartago / Lorca, Cartago / Toledo y Cartago / Málaga, que han perdurado hasta nuestros días

A veces, el ciudadano tiene la sensación de que la vida va muy deprisa, pero también hay razones para pensar que algunas cosas permanecen. Una de ellas es la red viaria impulsada en España durante la dominación del Imperio Romano, de hecho, el trazado de los viejos caminos de Roma ha permanecido inalterable.

Los romanos utilizaron los corredores entre montes y valles fluviales para construir calzadas con perfiles suaves y trayectos rectilíneos, aunque nunca las trazaron por el fondo de estos, sino a una cota intermedia. De trecho en trecho, situaban los mojones o milliarios, una columna de dos metros de altura y cincuenta centímetros de diámetro que solía llevar grabada una inscripción con el nombre del emperador que la había ordenado construir o reacondicionar.

En el sureste se han encontrado varios milliarios; el más elocuente es el que preside la Glorieta de San Vicente (Lorca), que fija la distancia entre Lorca y Cartagena, si bien no hay que olvidar el aparecido en el Pilar de la Horadada, Mazarrón, Totana, la autopista del Mediterráneo, Cieza, Vélez Rubio, Cúllar Baza....

Todas las calzadas tenían las mismas dimensiones y pavimento. Las construidas a cargo del Estado, comunicaban Roma con los puntos vitales de su imperio. Según Ulpiano se denominaban pretorianos o consulares; por ellas podían trasladarse los hombres de un lugar a otro, conducir una caballería o un vehículo y pasear. Disponían de dos carriles y una anchura de dos metros y medio en las partes rectas y cinco en los recodos. De acceso libre, como las vías vecinales que se internaban a través del campo, en ocasiones desembocaban en otras vías públicas. Su menor anchura (1,20 metros) sólo permitía pasar ganado y vehículos en fila. Por último, existían caminos de paso restringido abiertos por los propietarios de grandes extensiones. Su anchura limitada (0,6 metros) permitía el paso de peatones, jinetes o literas.

Los ejes principales de las calzadas tenían un ancho que oscilaba entre cinco y seis metros. Generalmente, las vías eran rectas y su aspecto exterior variables: pista de tierra batida y apisonada, calzada cubierta de guijarros o calzada pavimentada con losas de piedra.

En el entramado viario del sureste destacaban cinco grandes calzadas: Ilici/Cartago Nova (Elche/Cartagena), la vía Augusta, que partiendo de Cartagena se dirigía hacia el oeste bordeando la rambla de Benipila, Cuesta Blanca, Tallante, Las Palas, La Pinilla, y discurría paralela, en gran parte, a la margen derecha del Guadalentín, rodeaba Lorca y se dirigía a Vélez Blanco, camino de Andalucía.

Otras calzadas enlazaban Chinchilla / Játiva, Cartagon Nova / Málaga y, finalmente, la más transitada, Cartago Nova/Complutum (Alcalá de Henares). El primer tramo seguía en gran parte el trazado de la actual autovía de Madrid: atravesaba la necrópolis de San Antón, camino de los Barreros, Los Dolores y Llagostera. Continuaba hacia El Albujón y cruzaba el puerto de la Cadena, descendiendo hasta el valle del Segura por el caserío de la Voz Negra, histórico paraje situado al sur de Alcantarilla.

Por algún lugar impreciso cruzaba el Segura antes de llegar a Archena, famosa en la antigüedad por sus aguas termales. Desde allí, por el puerto de la Losilla atravesaba Cieza y se dirigía a Cancarix, el Tolmo de Minateda, Tobarra y Pozo Cañada, sin dejar el trazado de la antigua carretera nacional 301 de Murcia a Madrid. En Saltigi (Chinchilla), enlazaba con la ruta Castulone /Saetabis (Játiva) y proseguía hacia Alcalá de Henares.

Sebastián Ranmallo y Francisco Brotóns, autores de varios estudios sobre el tema, indican que a estos grandes ejes viarios hay que agregar la existencia de otras vías de menor entidad que pondrían en comunicación las zonas rurales y núcleos urbanos de fuerte carácter indígena, con las calzadas públicas y los centros de población más relevantes.

Se refieren a un desdoblamiento de la vía mediterránea que se internaba por la depresión del valle del Segura, pasando entre Albatera y san Isidro hacia Callosa del Segura y Orihuela, donde debía cruzar el río, y continuar al pie de la sierra del Cristo, por la vereda de ganados del Reguerón junto a Zeneta, Alquerías, Los Ramos, Torreagüera, Beniaján, Los Garres, Algezares, La Alberca y El Palmar, siguiendo el curso del Guadalentín hasta Lorca.

No faltaba el servicio de postas, las mansiones y mutationes que proporcionaban alojamiento y descanso a correos y viajeros Las mansiones, distantes entre sí 30 o 40 kilómetros, eran estaciones para pernoctar, mientras que las mutationes, separadas por cada 15 o 20 kilómetros, ofrecían al viajero sólo lo necesario para un breve descanso.

Junto a las vías romanas se edificaban monumentos hidráulicos, funerarios y religiosos. Algunas se conservan: la necrópolis de Torre Ciega (Cartagena), el puente del Piscalejo (Caravaca) y el Santuario de la Cueva Negra (Fortuna), yacimiento catalogado de importante centro religioso y termal en el que se han descubierto valiosas inscripciones latinas, versos votivos de inspiración virgiliana, escritos a finales del siglo primero: «Hay un recoveco en el monte, bajo una peña socavada, un abrigo cercado de árboles entre las rocas gigantes».

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